9°
Por esa calle nadie llega, por ese lindero
ya todo va cuesta abajo
y sobre aquella piedra
ya nadie se ha sentado a desgranar su rostro
gota a gota
ni a sobarse las rodillas que alguna vez
se postraron libres.
Muchos llegaron desarmados, heridos, roídos
por los enemigos, con sus umbrales
al hombro, buscando refugio o la mano
de alguien, detrás de una puerta, con una taza
de inspiración caliente
para descansar y renovar
las ganas de volver
a esa gran bahía de dolor que es la vida.
Ya son pocos los hombres que rezan,
los que comparten su propia cuchara de hambre
con los que están destinados a rodar,
a cargar su viernes
sin ningún domingo.
Ya no hay boca ni miel de algunas frutas,
solo quedan los hilos de babilónicas sierpes
en las manos de un suicida.
10°
“Y no estarás solo nunca…” –murmuraste,
antes de salir volando por la ventana-
“Aun cuando esté muerta, no estarás solo…”
Se me apolilla la voz en la cresta del crepúsculo
y por muy bocón que sea
el silencio se va apoderando
y vistiendo de harapos
este sábado
mojado de mucho aniversario.
Uno a uno se desplazan las rodillas a lo largo
de sus esquinas, mientras anochece
lloviendo
y llueve tanto como para que no olvide
o quizás para que riegue el fuego de la herida
que acrecienta sus luces
desde esta mañana.
“Si, no estaré solo nunca –me digo- en tanto
mis ojos se abran al horizonte
y cante su armonía el aguacero…”
Canta, aguacero, canta, que afuera el aire silba
una despedida.
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Autor:
Matias 01 (
Online) - Publicado: 11 de septiembre de 2026 a las 05:30
- Categoría: Sin clasificar
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