AVISO DE AUSENCIA DE Daniel Omar Cignacco
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Después de la muerte
quedaba una cosa intacta:
la costumbre de respirar.
La rompí.
Tragué la sombra
como quien traga una moneda
y seguí escribiendo
para nadie.
Pasé de largo.
Los ojos cerrados
también envejecen.
Era joven.
Todavía llevaba
una puerta en el pecho.
Entonces ocurrió:
un rayo de sombra
me atravesó.
No dolió.
Por eso supe
que era el principio.
Daniel Omar Cignacco © 2026
https://danielomarcignacco.blogspot.com
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Autor:
Daniel Omar Cignacco (
Online) - Publicado: 9 de septiembre de 2026 a las 11:00
- Comentario del autor sobre el poema: Brevemente, el poema habla de un renacimiento después de una muerte simbólica. El hablante ha atravesado el desencanto, la pasividad y la pérdida de sentido. La sombra representa aquello que lo transforma; la puerta en el pecho, una posibilidad todavía cerrada. Al final descubre que aquello que parecía muerte era en realidad el comienzo de otra forma de existir. En una frase: el poema habla de descubrir el principio precisamente dentro de aquello que parecía el final.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Henry Alejandro Morales

Online)
Comentarios1
Este poema construye una poética de la transformación a partir de una paradoja esencial: aquello que parece conducir hacia el final termina revelándose como un principio. La muerte, la sombra y el silencio no funcionan aquí como simples símbolos de clausura, sino como zonas de tránsito, espacios en los que la identidad del sujeto se descompone para adquirir una forma nueva.
Uno de sus mayores aciertos reside en la economía expresiva. El poema no desarrolla una explicación filosófica de su conflicto: lo convierte en imágenes concretas y perturbadoras. «La costumbre de respirar», «una moneda» y, especialmente, «una puerta en el pecho» producen una tensión entre lo cotidiano y lo imposible que constituye buena parte de su fuerza estética.
La sombra adquiere así una dimensión singular. No es solamente oscuridad: es aquello que atraviesa al sujeto y modifica retrospectivamente todo lo que creía saber de sí mismo. El verso final —«Por eso supe / que era el principio»— realiza una operación poética especialmente eficaz: transforma el sentido de todo lo anterior sin necesidad de explicarlo.
Hay también una reflexión sobre la escritura. Escribir «para nadie» no aparece como un gesto de derrota, sino como una forma extrema de libertad: una palabra que ya no necesita destinatario para existir. El poema parece sugerir que cuando desaparece la obligación de ser comprendido comienza, paradójicamente, una posibilidad más auténtica de decir.
Su mayor virtud es, precisamente, no cerrar completamente su significado. El lector puede leerlo como un poema sobre la juventud, la pérdida, la creación artística, una crisis interior o incluso sobre el nacimiento de una nueva conciencia. Esa ambigüedad no debilita el texto: lo vuelve habitable.
En definitiva, se trata de un poema breve pero conceptualmente denso, cuya fuerza no proviene de la grandilocuencia sino de una imaginación precisa y ligeramente inquietante. Su mejor hallazgo es convertir la experiencia del final en una experiencia inaugural: la sombra no anuncia el fin; revela que algo acaba de comenzar.
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