Historia de una boda

Freddy Kalvo

Lo que hoy cuento no es mentira

sucedió en un matrimonio

porque andaban codo a codo

y en su rostro una sonrisa.

 

Era amor tan puro y bueno

y sus ojos, lo decían.

Él decía: —¡Mi elegida!

Y ella pronto: —¡Mi lucero!

 

—¿Quién era Dolores Claros?

En la historia que le cuento,

la novia de un hombre recto:

—¡Don Victorino del Gallo!

 

Llegó el día de la boda

con Padrinos y firmantes,

fue un domingo por la tarde

para bien y para gloria.

 

Y en razón de lo legal

acordaron sin distingo

unir ambos apellidos

procurando el bienestar.

 

Y en medio de aquella fiesta

los dos novios se fugaron

y se fueron sin pensarlo

pues la noche estaba fresca.

 

Esperaba una cabaña

con su luz tono amarillo

donde se fundió el idilio

de dos seres que se amaban.

 

Color miel pintó la luna

con su tono amarillento

y se oían hasta el cielo

los suspiros de la dupla.

 

Y pasados quince días

regresaron a su pueblo

muy contentos, como nuevos,

y en su rostro una sonrisa.

 

La mañana de un verano

fue de compras la casada

y en su paso por la plaza

le aparece un hombre extraño

 

que le dice, entusiasmado:

—¿Por qué nadie la acompaña,

siendo hermosa y tan galana?

—¿Si usted gusta, la acompaño?

 

Y la dama con su encanto

le responde: —Soy casada.

—Y es mi nombre ya en el Acta:

Dolores Claros del Gallo.

 

Y siguió ella su camino

al mercado por sus compras

y en la plaza se sonrojan

por el nombre y su apellido.

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