Estatuto de la sombra anticipada: decreto de ocupación del porvenir

Antonio Portillo




Pisa donde ya he pisado. No hay un solo palmo de polvo que tus plantas reclamen que no haya sido reclamado, enfriado y poseído antes por este filo que te aguarda.
Creerás que decides levantar el talón, pero solo cedes al espanto del fuego que empuja. La fiebre que quema por detrás te morderá la nuca hasta obligarte a pagar el tributo: otro avance, otra claudicación hacia el oeste. Eres el rezago. Eres la carga que todavía insiste en respirar mientras se arrastra hacia su propio molde. Si intentas detenerte, el agresor incandescente te reducirá a ceniza baldía; si avanzas, solo te arrojarás a la herida que ya he abierto en el horizonte.
No me busques en la fuga. Yo estoy quieta en el porvenir, apostada como una trampa de hierro que espera a su presa. Cada esfuerzo de tus tendones es una rendición geométrica; cada jadeo, el sonido de tu torpe intento por alcanzar la estatura que ya ostento sobre las piedras. Mírame: soy la vanguardia que no vacila, el decreto irrevocable erigido sobre el polvo antes de que tu carne balbucee su primer paso. Tú no eliges el rumbo: el pasado que se arrastra solo sabe caer de bruces hacia el lugar que le he confiscado de antemano.
Si miras hacia atrás, arderás ciego. Si miras hacia adelante, me verás inmóvil en el término de todas las cosas, esperándote con la paciencia de las sentencias dictadas al principio de los tiempos. Te tragaré palmo a palmo. Forzaré a tus rodillas a encajar en la silueta que he tallado sobre el mundo para humillar tu peso.
Y cuando el agresor incandescente termine de hundirse, vencido por el filo del poniente, no esperes el alivio de la nada. No habrá disolución en el abismo, sino soberanía. Yo no perderé los límites: quebraré el dique. Me desataré de este suelo para tragarme las colinas, los valles y los cielos vacíos, inundando los confines hasta abarcar la tierra entera.
La noche no es el fin del imperio; la noche es mi reino pleno, consumado al fin sin la molestia de tu arrastre.
Antonio Portillo Spínola ©

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 7 de septiembre de 2026 a las 03:30
  • Comentario del autor sobre el poema: En este poema convierto a la sombra en una voz consciente, autoritaria y cruel que se dirige al cuerpo que la proyecta. Ella siempre pisa primero: ocupa el terreno antes de que los pies lo alcancen y transforma cada paso aparentemente libre en el cumplimiento de un destino ya trazado. El caminante avanza acosado por el sol, ese «agresor incandescente» que arde a su espalda. No puede detenerse ni regresar, pero tampoco puede alcanzar a la sombra que lo precede. Queda atrapado entre el fuego que lo empuja y la figura oscura que lo espera. Por eso cada movimiento es una «rendición geométrica»: la posición del sol, el cuerpo y el suelo determina una silueta de la que no puede escapar. La sombra representa también el porvenir, el paso del tiempo y la muerte. Es el molde oscuro hacia el que avanzamos creyendo que elegimos nuestros pasos. Nos pertenece porque nace de nosotros, pero al mismo tiempo nos domina y nos recuerda que siempre hay algo nuestro que llega antes al lugar donde terminaremos. Cuando el sol se pone, la sombra no desaparece. Deja de estar encerrada en los límites del cuerpo, rompe su contorno y se funde con la oscuridad que invade el mundo. La noche no es su muerte, sino su victoria: el instante en que deja de ser una sombra particular para convertirse en un reino sin fronteras. Con este poema he querido expresar que el ser humano camina durante toda su vida hacia una oscuridad que él mismo proyecta, convencido de que escoge el rumbo, mientras su sombra ya ha ocupado silenciosamente el porvenir.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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