I
Gregorio Samsa nunca engañó
a la sociedad donde vivió;
aunque existió en calamidad,
subsistió en la pura precariedad.
Los atropellos y descalabros
mermaron la fuerza de su voluntad
y apolillaron su identidad.
II
En su diario trajinar
despertaba temprano
y a su trabajo acudía,
como un ciudadano
cumpliendo todos los días.
Casa, ferrocarril, trabajo.
Trabajo, ferrocarril, casa.
Un, dos, tres, abajo.
Tres, dos, uno, arriba.
La monotonía de los momentos,
su existencia vital carcomida.
III
Cierta noche empezó su mutación:
inquietud sorda, desasosiego.
En su lecho de necrosis,
el alba clausuró la ilusión:
el hombre cedía a la metamorfosis.
Tocaban a su habitación
y Gregorio, trémulo y absorto,
carecía de dirección.
IV
Y, al sentirse animal, supo
que sin ser insecto,
había vivido en el absurdo;
que el rigor del mundo
marchitó su piel;
que la familia quebrantó su alma
y el engranaje patronal lo explotó;
pero jamás conoció la traición,
aunque en la entrega perdió su ser.
V
Con su nueva investidura,
escarabajo herido y desvalido,
sin atuendos ni prendas,
entendía mejor al que veía:
el cálculo mezquino,
la burla y la hipocresía.
VI
Al final, la manzana arrojada
quebró su frágil anatomía;
una llaga enconada
selló la callada agonía,
hasta que el cuerpo feneció.
No hubo funeral, pero sí ironía:
la miseria humana,
la impropia porquería.
VII
Antes, Gregorio Samsa,
era un inteligente animal,
luego, sabandija inmortal;
su consciencia histórica
pudo al mundo demostrar
que su vivencia puede pasar
en la vida de cualquier mortal.
VIII
La verdad es que Samsa,
con su carcasa de gloria,
enalteció su historia,
su especificidad notoria.
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Autor:
Rafael Parra Barrios (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 7 de septiembre de 2026 a las 00:39
- Comentario del autor sobre el poema: Kafka y su Gregorio Samsa Gregorio Samsa es el protagonista de La metamorfosis de Franz Kafka. Un ser humano que, atado a la rutina y a una abnegación servil, vio disolverse su identidad hasta amanecer convertido en un insecto monstruoso. Paradójicamente, bajo esa piel descubre que el verdadero orden animal era el que habitaba antes: la oficina implacable, la usura familiar y la indiferencia del entorno; un drama que concluye con la herida mortal que le inflige su propio padre al arrojarle una manzana que pudre su lomo. Franz Kafka cifra en esta fábula el criptograma de su propia existencia y la llaga de la modernidad: la reducción del hombre a una pieza prescindible, sujeta a la dependencia ciega de un engranaje ajeno. Todos llevamos un pedazo de Kafka y un Gregorio Samsa por dentro; todos corremos su suerte si permitimos que la monotonía y la servidumbre nos arrebaten la condición humana: escarabajos haciendo historia, buscando recuperar la identidad perdida
- Categoría: Surrealista
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- Usuarios favoritos de este poema: Rafael Parra Barrios
- En colecciones: Existencial.

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