Hay Un Puntero...

WCELOGAN 🔛

EL PUTERO DE LA TENDENCIA

 

Hay un putero en la poesía,

pero no busca muslos ni bocas;

persigue corazones digitales

y se acuesta con todas las tendencias

que pasan por la plataforma.

 

No lee versos:

los tantea.

 

Mira quién comenta,

quién tiene seguidores,

quién devuelve aplausos,

quién puede empujarlo

un peldaño más arriba.

 

Y allí va,

de poema en poema,

con la brocha bajo el brazo

y el elogio entre los dientes:

 

—¡Magnífico!

 

—¡Sublime!

 

—¡Qué manera de sentir!

 

Aunque no haya entendido un carajo

de lo que acaba de leer.

 

Porque aquí la poesía

también tiene sus burdeles

y algunos versos

se desnudan por un corazón.

 

Hay poemas que llegan a la tendencia

vestidos de metáforas,

pero otros llegan

de la mano de un amigo.

 

No importa tanto el lirismo,

la imagen, la música,

la respiración del verso

o esa pequeña verdad

que hace que un poema

se nos quede viviendo dentro.

 

Importa quién lo escribió.

 

Quién lo conoce.

 

Quién lo comenta.

 

Quién lo recomienda.

 

Quién le devuelve el favor.

 

Así, poco a poco,

la poesía se va maquillando

para agradar al cliente.

 

El poema mediocre

recibe veinte aplausos.

 

El excelente pasa de largo

sin que nadie lo mire.

 

Porque el talento, a veces,

no tiene contactos.

 

Y la tendencia sí.

 

La tendencia tiene agenda,

teléfono, padrinos

y una larga lista de amigos

a quienes visitar

antes de publicar.

 

—Yo te leo.

 

—Tú me lees.

 

—Yo te aplaudo.

 

—Tú me destacas.

 

Y la poesía, sentada en una esquina,

espera que alguien

la invite a bailar

sin preguntarle primero

cuántos seguidores tiene.

 

Qué curioso oficio

el de algunos poetas:

 

escriben para ser vistos,

comentan para ser vistos,

halagan para ser vistos

y hasta dicen que aman la poesía

con la calculadora abierta.

 

Han convertido el aplauso

en una moneda clandestina.

 

Un corazón por otro.

 

Un comentario por otro.

 

Una recomendación por otra.

 

Cuando el poema sube,

cuando aparece en la vitrina

de los más leídos,

todos celebran:

 

—¡La poesía triunfó!

 

No, querido.

 

Triunfó la estrategia.

 

La poesía todavía está buscando

quién la dejó afuera.

 

Porque estar en tendencia

no significa estar en la cima

de la literatura.

 

A veces significa simplemente

haber conocido a suficiente gente.

 

Y el putero de la tendencia

lo sabe perfectamente.

 

Por eso no pregunta:

 

—¿Es bueno el poema?

 

Pregunta:

 

—¿Quién lo escribió?

 

Y si la respuesta le conviene,

se acomoda la corbata,

abre la puerta del prostíbulo literario

y vuelve a repartir caricias.

 

Algún poeta sin padrinos

escribe en silencio,

corrige una palabra veinte veces,

rompe un verso,

lo vuelve a escribir

y finalmente publica.

 

Nadie lo visita.

 

Nadie le devuelve el favor.

 

Nadie le pone una corona.

 

Pero quizá,

solo quizá,

allí esté la poesía.

 

Sin maquillaje.

 

Sin contactos.

 

Sin tendencia.

 

Sin precio.

 

Porque un poema

no debería necesitar padrinos

para tener belleza.

 

Ni amigos

para tener lectores.

 

Ni un ejército de aduladores

para demostrar que respira.

 

Pero en esta feria

donde algunos venden aplausos

y otros compran prestigio,

 

la poesía también se prostituye.

 

Y el proxeneta no es el algoritmo.

 

A veces lleva nombre de amigo,

de compañero,

de comentarista habitual

y hasta de poeta.

 

Y cuando alguien pregunta

por qué aquel poema está arriba

y aquel otro quedó olvidado,

 

el putero de la tendencia

sonríe, se encoge de hombros

y responde:

 

—Así funciona la poesía.

 

No, señor.

 

Así funciona el negocio.

 

Y la poesía,

que es otra cosa,

sigue esperando

en algún rincón oscuro

a que alguien la lea

sin mirar primero

quién la escribió.

  • Autor: Wii (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 6 de septiembre de 2026 a las 13:26
  • Comentario del autor sobre el poema: Si lo borran o me expulsan de la plataforma...ni modo...
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 1


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