La pereza (pecado capital)
La puerta abren. Los hombres reconocen
la acostumbrada gracia de estos sitios.
Por el aire desangra un viejo olivo
de desnutridas Áfricas que tosen.
Toman su asiento. La ONU un sueño coce
en la mesa de dioses del Olimpo
y los párpados cierran frente a un niño
cruzado por serpientes que lo comen.
El ciclo inmarcesible es esta historia:
pantallas y portátiles que fingen
un sereno resguardo de fatigas…
¡Y hasta Dios mismo el día en que Lisboa
fue sacudida al tártaro imposible,
con deliciosa soledad dormía!
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Autor:
Juez (
Offline) - Publicado: 2 de septiembre de 2026 a las 13:46
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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