Fe de erratas

Antonio Portillo Spínola




El peso se fue primero,
como quien suelta una moneda en un pozo
y olvida esperar el eco.
No hay frío aquí,
solo una costumbre mineral de no moverse,
un acuerdo tácito con la tierra
que va aprendiendo mi nombre
grano por grano,
sin ninguna prisa por pronunciarlo.
Los relojes de arriba ya no saben contarme.
Las sábanas guardan todavía el calor
y los pasos continúan gastando los peldaños.
Aquí el tiempo no es una cuerda tensa,
sino un charco donde cayó la tarde
y nadie vino a sacudir el agua.
Extraño, si acaso, las asperezas:
el golpe del té demasiado caliente en la lengua,
el polvo en los nudillos,
la terquedad inútil de poner el despertador.
Aquí todo es suave,
demasiado redondo,
como un guijarro al fondo de un río seco.
No dejen tantas flores;
pesan sobre el tejado de madera
y consumen el poco aire
que ya no necesito.
Apaguen la luz al salir del recuerdo.
He descubierto que la oscuridad
no era una fiera,
sino un abrigo viejo
que por fin me queda a la medida.
Antonio Portillo Spínola ©

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 30 de agosto de 2026 a las 03:41
  • Comentario del autor sobre el poema: Sobre "Fe de erratas" Escribí este poema desde la voz de alguien que ya ha muerto y que, desde su nueva quietud, va corrigiendo con suavidad todo lo que los vivos seguimos dando por cierto sobre la muerte. Quise que el hablante no gritara ni se lamentara, sino que hablara casi con ternura irónica: no siente frío, no le urge nada, no añora los grandes momentos sino las pequeñas asperezas cotidianas —el té demasiado caliente, el despertador que ya no tiene sentido poner—. Incluso les pide a los vivos que no le dejen tantas flores, porque pesan y le quitan un aire que ya no necesita. La imagen que más me importa llega al final: la oscuridad, que tanto tememos en vida, resulta no ser una fiera sino un abrigo viejo que por fin le queda a la medida. Ahí está, para mí, el corazón del poema: la muerte no como amenaza, sino como algo que finalmente ajusta, que deja de doler porque deja de apretar. El título, "Fe de erratas", nace de esa idea: el muerto no discute con los vivos, simplemente va enmendando, una a una, nuestras ideas equivocadas sobre lo que él ya sabe y nosotros todavía no
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 56
  • Usuarios favoritos de este poema: JordiCris ✍️, Salvador Santoyo Sánchez, Mª Pilar Luna Calvo, racsonando, Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, Texi, JUSTO ALDÚ, Nelly Cevallos - Liora, LuJITar, RIVAS JOSE, JoseAn100
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Comentarios1

  • JordiCris ✍️

    Bello mensaje a través de la paradoja de la muerte: esta, la muerte, presentada como el descanso, pero tu poema consigue que comprendamos cuánto de precioso había precisamente en aquello que hacía incómoda la vida. El significado de vivirla. Un abrazo mi apreciado Antonio

    • Antonio Portillo Spínola

      Gracias, Jordi. Tu lectura recoge con precisión la paradoja del poema: a veces solo al imaginar el descanso definitivo comprendemos que también las incomodidades, las heridas y el cansancio eran señales de que seguíamos vivos. Tal vez vivir sea precisamente eso: reconocer el valor de aquello que, mientras lo padecemos, quisiéramos corregir. Un fuerte abrazo, amigo.

      • JordiCris ✍️

        De vuelta



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