Somos como las hojas de los árboles,
verdes y vibrantes,
anhelando el viento
para danzar y cantarle al cielo.
Luego, amarillas y desgastadas
por el tirano tiempo
que, silencioso, llega.
Marrones y secas, ya sin aliento,
van cayendo como lágrimas
sobre el suelo.
Y entonces, sin hojas,
solo quedan el tronco y las ramas desnudas,
extendidas hacia el firmamento.
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Autor:
Luisa Arciniegas (
Online) - Publicado: 28 de agosto de 2026 a las 20:47
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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