Llueve.
Afuera, el agua reinventa los tejados
y cada gota cae sin pedir permiso.
Hay una música ciega en su desorden,
un terco afán de derramarse
sin importar qué tierra humedece.
Del mismo modo,
cada cual arrastra sus propios mares,
sus naufragios mudos, el barro en los zapatos
o esa luz de mañana que no le debe nada a nadie.
El respeto es guardar distancia,
sostener un paraguas invisible
para no pisar la sombra de otros
ni dictar el clima de sus días.
Cuesta apretar las manos y no intervenir,
tragarse el impulso de corregirle el rumbo al viento.
Dejar que cada quien cruce sus charcos,
su propio tropiezo, su risa.
No hay nada más sagrado
que la libertad de arder y de doler,
sin que una mirada ajena intente cambiar
la forma en que a cada cual le toca llover.
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Autor:
Pandy Andy (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 25 de agosto de 2026 a las 15:24
- Categoría: Sin clasificar
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Offline)
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