Pandy Andy

​La tregua del agua y el silencio

​Llueve.

Afuera, el agua reinventa los tejados

y cada gota cae sin pedir permiso.

Hay una música ciega en su desorden,

un terco afán de derramarse

sin importar qué tierra humedece.

​Del mismo modo,

cada cual arrastra sus propios mares,

sus naufragios mudos, el barro en los zapatos

o esa luz de mañana que no le debe nada a nadie.

​El respeto es guardar distancia,

sostener un paraguas invisible

para no pisar la sombra de otros

ni dictar el clima de sus días.

​Cuesta apretar las manos y no intervenir,

tragarse el impulso de corregirle el rumbo al viento.

Dejar que cada quien cruce sus charcos,

su propio tropiezo, su risa.

​No hay nada más sagrado

que la libertad de arder y de doler,

sin que una mirada ajena intente cambiar

la forma en que a cada cual le toca llover.