El aire adelgaza al hombre, al lobo que vaga,
envejecido,
sostenido con sus harapos,
escoltado por el cabestrillo de sus calvarios
y el viejo ruido de su tintero.
En algún lugar caerá traicionado –me digo-
con la mansedumbre del dolor
y atado al reino de las cometas,
a la cabellera de los huesos de todos sus veranos.
Cuando la luz descienda vencida y triste,
sobre los ojos cerrados entre dos piedras,
será que la anciana tarde viene ya
con sus férulas
y la visión de las ultimas gradas de la herida entre
las manos.
Entonces, quizás se oirá una afligida oración
bajo los puentes
de quien mira en el aire al polvo volar hacia
algún lugar del universo.
Es el hombre y su último estirón –me digo-
Y quisiera llamar a alguien, tocar alguna puerta
y pedir perdón por aquel
que va oliendo a tierra madre,
a sufrimiento humano que trasciende sobre cada
lagrima de nosotros,
que aun vamos ondulando un golpe
o una voz que se ha de apagar con nuestra muerte.
Se diría que hemos nacido en una zona de plaga,
en un espacio entre la herida
y el murmuro de una súplica patética
de gran silencio…
Se diría que ha menguado el día afuera,
que es Dios quien sostiene la vida y el hombre
sus fúnebres destinos,
pero, no lo sé,
porque a veces parece, desde siempre,
que el hombre simplemente sufre y muere.
-
Autor:
Matias 01 (
Online) - Publicado: 24 de agosto de 2026 a las 09:49
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.