Matias 01

El aire adelgaza al hombre...

El aire adelgaza al hombre, al lobo que vaga,

envejecido,

sostenido con sus harapos,

escoltado por el cabestrillo de sus calvarios

y el viejo ruido de su tintero.

En algún lugar caerá traicionado –me digo-

con la mansedumbre del dolor                                                                  

y atado al reino de las cometas,

a la cabellera de los huesos de todos sus veranos.

 

Cuando la luz descienda vencida y triste,

sobre los ojos cerrados entre dos piedras,

será que la anciana tarde viene ya

con sus férulas

y la visión de las ultimas gradas de la herida entre

las manos.

Entonces, quizás se oirá una afligida oración

bajo los puentes

de quien mira en el aire al polvo volar hacia

algún lugar del universo.

 

Es el hombre y su último estirón –me digo-

Y quisiera llamar a alguien, tocar alguna puerta

y pedir perdón por aquel

que va oliendo a tierra madre,

a sufrimiento humano que trasciende sobre cada

lagrima de nosotros,

que aun vamos ondulando un golpe

o una voz que se ha de apagar con nuestra muerte.

 

Se diría que hemos nacido en una zona de plaga,

en un espacio entre la herida

y el murmuro de una súplica patética

de gran silencio…

Se diría que ha menguado el día afuera,

que es Dios quien sostiene la vida y el hombre

sus fúnebres destinos,

pero, no lo sé,

porque a veces parece, desde siempre,

que el hombre simplemente sufre y muere.