Después del fuego

Antonio Portillo




Se viste de sombra la culpa en la alcoba,
un roce prestado que incendia la piel,
la trampa exquisita que el juicio nos roba,
la gota de hiel disfrazada de miel.
Hay dos que se buscan al margen del día,
borrando promesas con cada jadeo,
comprando minutos de ciega osadía
en el laberinto que teje el deseo.
Pero el fuego apaga su brillo temprano
y deja la escarcha de la decepción:
el peso invisible que mancha la mano,
la grieta silente en el viejo rincón.
Al volver a casa, la risa es fingida,
la calma es un vidrio que empieza a crujir;
se mira a los ojos de quien da la vida
sabiendo que un beso bastó para herir.
La escarcha dibuja su flor en el vidrio,
la noche se queda prendida al cristal;
dos bocas se rozan al borde del frío
y una grieta crece sin hacerse notar.
Antonio Portillo Spínola ©

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 23 de agosto de 2026 a las 03:41
  • Comentario del autor sobre el poema: «Después del fuego» habla de la infidelidad, pero su verdadero asunto no es el encuentro clandestino, sino lo que queda cuando el deseo termina. El fuego representa la pasión inmediata: intensa, breve, capaz de borrar durante unos instantes los límites y las promesas. Después llega la escarcha. No como castigo impuesto desde fuera, sino como consecuencia interior: quien regresa a casa vuelve aparentemente al mismo lugar, pero ya no es exactamente la misma persona. Por eso aparecen el vidrio, el cristal y la grieta. Representan la confianza. Algo que puede continuar entero a simple vista mientras comienza a quebrarse por dentro. La otra persona quizá no sabe nada; la casa sigue siendo la misma, las miradas y los besos continúan. Sin embargo, existe ya una fisura invisible. El final concentra esa idea: dos bocas se rozan al borde del frío y una grieta crece sin hacerse notar. No dice quién tiene razón ni pronuncia una condena. La imagen hace el trabajo: el beso permanece, pero ya no contiene exactamente la misma verdad. Y ahí está, para mí, el corazón del poema: hay actos cuyo peso no comienza cuando son descubiertos. Comienza en el instante en que uno sabe que ha roto algo que el otro todavía cree intacto.
  • Categoría: Sin clasificar
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