Antonio Portillo

Después del fuego


Se viste de sombra la culpa en la alcoba,
un roce prestado que incendia la piel,
la trampa exquisita que el juicio nos roba,
la gota de hiel disfrazada de miel.
Hay dos que se buscan al margen del día,
borrando promesas con cada jadeo,
comprando minutos de ciega osadía
en el laberinto que teje el deseo.
Pero el fuego apaga su brillo temprano
y deja la escarcha de la decepción:
el peso invisible que mancha la mano,
la grieta silente en el viejo rincón.
Al volver a casa, la risa es fingida,
la calma es un vidrio que empieza a crujir;
se mira a los ojos de quien da la vida
sabiendo que un beso bastó para herir.
La escarcha dibuja su flor en el vidrio,
la noche se queda prendida al cristal;
dos bocas se rozan al borde del frío
y una grieta crece sin hacerse notar.
Antonio Portillo Spínola ©