¿Qué si soy de de pueblo?

Azahel Zagal García

¿Qué si soy de pueblo?

¡uuuta ... hasta la pregunta ofende!

 

Vieja cuna de lazos añadidos

enredaban el frio que merodeaba

el aposento de mi sueño

 

Aquella pared  de adobes desnudos

custodiaban el sonido de mi llanto

que jugueteaba con el torbellino del  viento

mientras las breves caricias

preparaban alimentos en el viejo comal de barro 

 

No sabía quien era en ese instante

pero decían que tenía algo de los dos

aunque me parezco más a él

 

Cuándo se acentuaba la noche

me sentía más seguro con ella.

Entre sus brazos escuchaba 

la canción de la lluvia

cuando caía sobre el modesto tejado

 

El vendaval de las horas

descubría el propósito oculto

que luciría al recrearse en años nuevos

 

Contemplar el amanecer en el tímido silencio

escuchar el tañer de campanas

convocando al pueblo a iniciar la jornada

a las seis de la sutil mañana

significaba ver crecer el tiempo

con la perfección de la hormiga

 

Miré feliz a mi pueblo escribiendo su historia

mojado de rocío, de inspiración y poesía

por las gratas caricias de la noche anterior

todos lo amábamos  y bendecíamos.

En el campo donde moraba la calma

se sembraba la esperanza, la armonía

y las virtudes del credo

 

Escuchar el llamado insistente de campanas para ir a la escuela

era el recurso oportuno de los niños

para evadir encomiendas  matutinas.

Todavía se perciben las bellísimas notas 

de la marcha Zacatecas

y ver ondear entre las nubes la grandeza

soberana de nuestro Lábaro Patrio

 

La libertad era extraordinaria 

se jugaba en el bosque con las aves 

en las calles con la guachada del pueblo

en la escuela con las letras y tablas de multiplicar

en el atrio de la iglesia con nuestras tradiciones.

Explorar cuevas y lugares prohibidos 

era el deleite perfecto de nuestro límite 

 

Nadar en el manantial Ojo de Agua

en aquel arroyito escondido en la cabaña 

y bañar en los hermosos veneros de la pila 

cuando escurría la tarde 

representaba la fluidez del tiempo

en el verdor delirante  de las edades

y la discreta y disimulada  satisfacción del agua

 

Por fin llegaban las distintas temporadas de producción 

se iba  a los mangos, a los pinzanes, a las parotas, 

a los nanches, a los guajes y jocoyoles.

Era tradición de euforia, de  precaución y riesgo

por las picaduras o mordeduras 

de animales venenosos 

o la caída de algún árbol 

pero ... era desafío tentador 

y sumamente sabroso

que se realizaba a pesar de las circunstancias 

 

El  mágico entusiasmo  de las ferias 

pintaba a los anhelos de colores 

y festinaban su belleza las guananchas 

entre gritos de pasión y picardía 

 

Con sorpresa habilidosa los vaqueros 

ondeaban reatas  para echar manganas 

y tirar al terrible toro de once 

que domarían con donaire  los jinetes 

escuchando las notas musicales de la banda 

 

Montar becerros  después del jaripeo

pastar chivos  y yuntas en el carcamán

ir a la leña al paraje Atotonilco 

y saciar el hambre con bonetes y pinzanes 

son escenas exquisitas  que eternizan 

las pueriles huellas caminadas 

en el candor infinito del jardín de la infancia 

 

La inquieta juventud 

en su afán de conquistar el mundo 

seducía las horas con suspiros y voces de guitarra 

que reducía el espacio del encuentro.

Nadie juzgaba a nadie porque todo era perfecto 

hasta el sol madrugaba satisfecho

en ese espacio de abriles perfumados 

 

Pasó el tiempo ...

todos construimos  nuestra propia historia 

algunos apagaron los ecos de sus voces 

otros viven en desiertas soledades.

Aquellos que construyeron trincheras de victoria 

y fueron columnas vertebrales  de vigorosos impulsos 

tal vez sirvan de ejemplo para cimentar

anhelos en las nuevas generaciones 

 

Difícil es olvidar aquellas tardes soñadoras 

que tejían la fragancia  de sonrisas juveniles 

el barullo de juegos inocentes 

el caminar cimbreante de las muchachas 

al acarrear agua en cántaros de barro 

el jolgorio de los pájaros zanates 

en la alfombra satinada de los truenos 

y a la bella sintonía de pláticas eufóricas 

que derramaban suspiros de añoranza 

 

Cada célula de nuestro cuerpo

se formó de esta tierra morena y pedregosa 

de este sol campesino y de este aire provinciano.

Nacimos aquí, de padres y abuelos 

que también aquí nacieron 

aspirando el perfume de los montes 

descifrando los  mensajes de la hormiga 

y el enojo de nuestros manantiales 

 

No somos más que eso ...

el ayer y el hoy conjugados con el tiempo

por eso, cuando mis ojos se cierren para siempre 

descansaré cubierto de raíces 

de  aquel árbol de mi deber cumplir 

 

¿Qué si soy de pueblo?

¡uuuta  ... hasta la pregunta ofende.

 

 

  • Autor: Azahel Zagal García (Offline Offline)
  • Publicado: 22 de agosto de 2026 a las 22:01
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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