¿Qué si soy de pueblo?
¡uuuta ... hasta la pregunta ofende!
Vieja cuna de lazos añadidos
enredaban el frio que merodeaba
el aposento de mi sueño
Aquella pared de adobes desnudos
custodiaban el sonido de mi llanto
que jugueteaba con el torbellino del viento
mientras las breves caricias
preparaban alimentos en el viejo comal de barro
No sabía quien era en ese instante
pero decían que tenía algo de los dos
aunque me parezco más a él
Cuándo se acentuaba la noche
me sentía más seguro con ella.
Entre sus brazos escuchaba
la canción de la lluvia
cuando caía sobre el modesto tejado
El vendaval de las horas
descubría el propósito oculto
que luciría al recrearse en años nuevos
Contemplar el amanecer en el tímido silencio
escuchar el tañer de campanas
convocando al pueblo a iniciar la jornada
a las seis de la sutil mañana
significaba ver crecer el tiempo
con la perfección de la hormiga
Miré feliz a mi pueblo escribiendo su historia
mojado de rocío, de inspiración y poesía
por las gratas caricias de la noche anterior
todos lo amábamos y bendecíamos.
En el campo donde moraba la calma
se sembraba la esperanza, la armonía
y las virtudes del credo
Escuchar el llamado insistente de campanas para ir a la escuela
era el recurso oportuno de los niños
para evadir encomiendas matutinas.
Todavía se perciben las bellísimas notas
de la marcha Zacatecas
y ver ondear entre las nubes la grandeza
soberana de nuestro Lábaro Patrio
La libertad era extraordinaria
se jugaba en el bosque con las aves
en las calles con la guachada del pueblo
en la escuela con las letras y tablas de multiplicar
en el atrio de la iglesia con nuestras tradiciones.
Explorar cuevas y lugares prohibidos
era el deleite perfecto de nuestro límite
Nadar en el manantial Ojo de Agua
en aquel arroyito escondido en la cabaña
y bañar en los hermosos veneros de la pila
cuando escurría la tarde
representaba la fluidez del tiempo
en el verdor delirante de las edades
y la discreta y disimulada satisfacción del agua
Por fin llegaban las distintas temporadas de producción
se iba a los mangos, a los pinzanes, a las parotas,
a los nanches, a los guajes y jocoyoles.
Era tradición de euforia, de precaución y riesgo
por las picaduras o mordeduras
de animales venenosos
o la caída de algún árbol
pero ... era desafío tentador
y sumamente sabroso
que se realizaba a pesar de las circunstancias
El mágico entusiasmo de las ferias
pintaba a los anhelos de colores
y festinaban su belleza las guananchas
entre gritos de pasión y picardía
Con sorpresa habilidosa los vaqueros
ondeaban reatas para echar manganas
y tirar al terrible toro de once
que domarían con donaire los jinetes
escuchando las notas musicales de la banda
Montar becerros después del jaripeo
pastar chivos y yuntas en el carcamán
ir a la leña al paraje Atotonilco
y saciar el hambre con bonetes y pinzanes
son escenas exquisitas que eternizan
las pueriles huellas caminadas
en el candor infinito del jardín de la infancia
La inquieta juventud
en su afán de conquistar el mundo
seducía las horas con suspiros y voces de guitarra
que reducía el espacio del encuentro.
Nadie juzgaba a nadie porque todo era perfecto
hasta el sol madrugaba satisfecho
en ese espacio de abriles perfumados
Pasó el tiempo ...
todos construimos nuestra propia historia
algunos apagaron los ecos de sus voces
otros viven en desiertas soledades.
Aquellos que construyeron trincheras de victoria
y fueron columnas vertebrales de vigorosos impulsos
tal vez sirvan de ejemplo para cimentar
anhelos en las nuevas generaciones
Difícil es olvidar aquellas tardes soñadoras
que tejían la fragancia de sonrisas juveniles
el barullo de juegos inocentes
el caminar cimbreante de las muchachas
al acarrear agua en cántaros de barro
el jolgorio de los pájaros zanates
en la alfombra satinada de los truenos
y a la bella sintonía de pláticas eufóricas
que derramaban suspiros de añoranza
Cada célula de nuestro cuerpo
se formó de esta tierra morena y pedregosa
de este sol campesino y de este aire provinciano.
Nacimos aquí, de padres y abuelos
que también aquí nacieron
aspirando el perfume de los montes
descifrando los mensajes de la hormiga
y el enojo de nuestros manantiales
No somos más que eso ...
el ayer y el hoy conjugados con el tiempo
por eso, cuando mis ojos se cierren para siempre
descansaré cubierto de raíces
de aquel árbol de mi deber cumplir
¿Qué si soy de pueblo?
¡uuuta ... hasta la pregunta ofende.