Mi alma fue vaciada en una bocanada, donde el fuego se guardó en mi interior y el humo me provocó asfixia, cortó mis palabras y mi voz.
Sentí que me envolvió aquel ardor y entre las brasas de tus miedos me perdí: eres esa chispa constante, la que marea y ciega.
Con tus dedos azucarados tocaste mis labios, cuando los levantaste dejaste un rastro amargo.
Convenciste a mi boca de que mi entrega fue por criterio propio y no un cambio de sabor a tu favor.
Desafiaste la tristeza de mis ojos como si la culpa recayera en mi cuerpo vulnerado, como si la soga siempre hubiera estado en mi cuello y tú me sostenías la silla en los pies.
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Autor:
Vega (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 21 de agosto de 2026 a las 05:59
- Comentario del autor sobre el poema: Primera versión: Ese día vaciaste mi alma para depositarme tu calor, convenciste a mi boca de callar lo que dolió. Sentí que me abrazaste con tu fuego y en las brasas me perdí, en el humo persistente aquel que ciega, el que es constante y marea. Con dulzura me envolviste en tus deseos Afirmando que mi entrega debía ser a tu criterio Desafiando mi tristeza como si la culpa recayera en mi cuerpo vulnerado, como si la soga siempre hubiera estado en mi cuello y tú me sostenías la silla en los pies. Sinceramente solo buscó un lugar para desahogarme
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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