Once días después del terremoto en Cali,
estoy aquí, sentado frente a la ventana de mi habitación,
mirando afuera como si buscara en el paisaje
una respuesta que todavía no encuentro.
Durante estos días pensé que había salido ileso.
La casa no se derrumbó,
las paredes siguen allí,
y por eso creí que yo también estaba entero.
Pero hoy entendí que hay derrumbes
que no hacen ruido,
que no levantan polvo,
que nadie ve.
Hoy sentí que algo dentro de mi cabeza se derrumbó.
El miedo volvió a entrar despacio,
se metió por las grietas de mis pensamientos,
se instaló en mi pecho
y volvió a convertir mi respiración
en una lucha.
El pánico regresó
y con él esa versión de mí
que se siente pequeña, vulnerable,
indefensa ante cosas que no puede controlar.
Hoy no quiero ser fuerte.
No quiero fingir que puedo con todo.
No quiero ponerme la máscara de siempre
y decir que estoy bien
cuando por dentro estoy temblando.
Hoy solamente necesito un abrazo.
Un abrazo largo,
de esos que no necesitan palabras,
que simplemente sostienen
cuando uno ya no sabe cómo sostenerse.
Miro alrededor…
y no hay nadie.
Y quizá esa sea la parte que más duele:
tener tanto miedo
y no encontrar unos brazos donde esconderlo.
Así que me quedo aquí,
mirando por la ventana,
con los ojos llenos de cosas que no sé decir,
respirando despacio,
intentando convencerme
de que este miedo también pasará.
Porque tal vez sobrevivir a un terremoto
no significa salir completamente ileso.
A veces significa aprender a reconstruirse
cuando nadie puede ver los escombros.
Hoy estoy frágil.
Hoy tengo miedo.
Hoy necesito que alguien me abrace.
Y aun así…
aquí estoy.
Con el corazón temblando,
con el alma cansada,
con miedo de volver a caer,
pero aquí estoy.
Y quizá, por hoy,
eso sea suficiente. ❤️
-
Autor:
El escriba de la penumbra (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 20 de agosto de 2026 a las 16:35
- Comentario del autor sobre el poema: Para mí, este poema no habla solamente del terremoto que vivimos en Cali. Habla del terremoto que ocurrió dentro de mí. Durante estos 11 días pensé que había sido afortunado porque mi casa seguía en pie. Creí que haber salido físicamente de la tragedia significaba haber salido ileso. Pero hoy comprendí que también existen heridas que no se ven, grietas que aparecen en la mente y en el corazón mucho después de que la tierra deja de moverse. Este poema representa mi fragilidad, algo que muchas veces me cuesta reconocer. Representa ese momento en el que dejo de intentar parecer fuerte y acepto que tengo miedo, que puedo sentir pánico, que puedo necesitar compañía y que también necesito que alguien me abrace. Para mí, escribirlo es una manera de decir: “Hoy no estoy bien, y no tengo que esconderlo.” Pero también significa algo más profundo: una recaída no significa que haya perdido todo lo que he avanzado. Puedo volver a sentir miedo sin regresar al mismo lugar de donde alguna vez salí. Quizás hoy no tenga esos brazos que necesito alrededor de mí, pero escribir estas palabras es mi manera de acercarme a mí mismo, de reconocer lo que siento y decirme: “Tranquilo… no tienes que ser fuerte todo el tiempo. Puedes llorar, puedes tener miedo, puedes sentirte vulnerable. Pero quédate. Respira. Mañana volveremos a intentarlo.” Porque la casa sobrevivió al terremoto. Y yo también. Ahora me toca reconstruir lo que quedó agrietado dentro de mí. ❤️
- Categoría: Triste
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