La tregua humilde

Antonio Portillo



 

 

​No esperamos el estruendo

ni la llegada de una barca cargada de certezas.

Tampoco el milagro que incendie de pronto la intemperie

o descifre la caligrafía rota de los años.

​Lo que esperamos

es algo más humilde y más hondo:

una pausa limpia en el engranaje del pecho,

un silencio que no pese como una ausencia,

sino como una casa que al fin abre sus postigos.

​Esperamos el instante exacto

en que la memoria deje de pedir cuentas,

en que el tiempo no sea una herida que gotea

sobre el mantel de la cocina,

sino la sombra mansa de un árbol

que aprendió a quedarse quieto.

​Buscamos, sin saberlo,

la mirada que no exige explicaciones,

el tacto de una mano que reconoce en la piel

el mismo polvo, la misma sed antigua,

el peso del cuerpo que se descalza

y encuentra la piedra firme bajo la suela.

​Esperamos la tregua:

saber que todo lo perdido

cumplió su oficio de raíz,

que basta estar aquí, en la penumbra,

con las manos vacías

y la saliva tibia sobre la lengua. 

 

Antonio Portillo Spinola ©

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 20 de agosto de 2026 a las 13:41
  • Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de una idea sencilla: quizá, después de ciertas pérdidas, heridas y años de lucha, lo que realmente necesitamos no sea una respuesta, sino una tregua. No habla de olvidar ni de cerrar definitivamente las heridas. Habla de ese momento en que la memoria deja de exigirnos explicaciones y el tiempo, por un instante, deja de comportarse como una herida. La «tregua» del poema es algo pequeño y profundamente humano: poder estar aquí, sin tener que demostrar nada; sentir una mano que reconoce nuestra piel; volver a encontrar la tierra firme bajo los pies; aceptar que algunas cosas se fueron y que, aun así, dejaron raíces. Por eso el final no busca una revelación. Solo queda el cuerpo, la respiración, las manos vacías y esa humilde certeza de estar vivos. Quizá permanecer no consista siempre en resistir. A veces consiste simplemente en dejar de luchar durante un instante. Este poema forma parte de El que permanece, un libro nacido precisamente de esa mirada: la memoria, la pérdida, el tiempo y aquello que, pese a todo, consigue permanecer. Quien quiera conocer un poco más de ese recorrido puede hacerlo a través de mi página personal: elquepermanece.es.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2


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