Una fría noche de diciembre
grité tu nombre,
y el caos respondió a mi llamada
entre un tumultuoso frenesí
de olvidos y omisiones.
Mi voz resonó en el silencio,
y tú, sordo a mi llamada
naufragaste entre la indiferencia
y la desidia.
No habrá llantos ni reproches,
tú seguirás tus pasos
por la senda de tu verdad.
Y el grito de mi llamada
se perderá entre tu olvido
y el musgo de la fría piedra
que me habita.
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Autor:
Rosario Bersabé (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 20 de agosto de 2026 a las 05:40
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 113
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- En colecciones: Quimeras.

Offline)
Comentarios6
Y el grito de mi llamada
se perderá entre tu olvido
y el musgo de la fría piedra
que me habita.
Saludos poeta Rosario Bersabé
Gracias, Salvador. Siempre es un honor tú visita.
Siempre tienes esa capacidad de sorprender. Hoy, con este relato emocional e intimista que me parece una maravilla en su construcción semántica para alzar esa voz que, después de intentar ser escuchada, ha comprendido que hay llamadas sin destinatario ni respuesta. para terminar aceptando el silencio formando parte de la propia soledad. Enhorabuena amiga mía.
Gracias, Jordi, por tan hermoso comentario. Siempre es una alegría encontrarte en mis letras.
Atónita ante tan bellas imágenes uy metáforas que brillan
Un bello poema Rosario, gracias por compartir.
Feliz día, Alex.
Encuentras la metáfora perfecta donde nadie más mira.
Saludos cordiales amiga poeta
Hola, Rosario.
Tu poema avanza desde el grito hacia una especie de petrificación interior. Primero está la necesidad de ser oída, luego la indiferencia del otro, y al final esa voz termina absorbida por una materia fría, casi mineral.
Me parece muy logrado cómo el frío deja de pertenecer a la noche y acaba instalado dentro de la propia hablante. También funciona muy bien ese paso del caos inicial al musgo de la piedra: la herida ya no aparece como algo reciente, sino como algo que lleva tiempo creciendo en silencio.
El cierre deja una sensación de abandono sedimentado, de esos que terminan formando parte del cuerpo.
Un abrazo grande, Rosario.
— LIORA
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