Una fría noche de diciembre
grité tu nombre,
y el caos respondió a mi llamada
entre un tumultuoso frenesí
de olvidos y omisiones.
Mi voz resonó en el silencio,
y tú, sordo a mi llamada
naufragaste entre la indiferencia
y la desidia.
No habrá llantos ni reproches,
tú seguirás tus pasos
por la senda de tu verdad.
Y el grito de mi llamada
se perderá entre tu olvido
y el musgo de la fría piedra
que me habita.