Rimas de la pereza

Juan Roldan

No me quiero levantar,
el colchón me tiene preso,
siento en el cuerpo un exceso
que me impide caminar.
El reloj quiere sonar,
su ruido rompe la calma,
pero se me duerme el alma
si miro la luz del día.
Prefiero la cobardía
de no mover una palma.

El reloj sigue su andar,
mientras yo miro el tejado,
en el mueble sepultado,
sin ganas de caminar.
El deber puede esperar,
ya que el sueño me gobierna,
en esta desidia eterna
que me arrastra a la quietud,
robando mi juventud
con su caricia moderna.

Mañana lo haré, me digo,
con la mente adormecida,
viendo pasar hoy la vida
sin un plan y sin abrigo.
El silencio es mi testigo
de este tiempo que devoro,
un descanso que yo adoro
aunque me robe la acción,
apagando la intención
de alcanzar algún tesoro.

La tarea se pospone
para un tiempo indefinido,
el impulso está dormido
sin que nada lo detone.
Que el destino lo dispone
es la excusa del momento,
dejo libre el pensamiento
para no mover las manos,
viendo días muy lejanos
en un limbo de tormento.

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Comentarios2

  • Nkonek Almanorri

    Alégrese. Su escrito y/o poema será de los que no llegará a ser Tendencia lo cual ya debería ser un motivo de orgullo y alegría por el valor que lleva dentro y nos entrega.

    Usted nos ha regalado en palabras claras, limpias y exactas lo que es el reflejo de un tiempo y una sociedad la que cada vez más, por desgracia, no encuentra qué hacer cuando llega un nuevo día. Es cierto que poco a poco sin prisa pero tampoco sin pausa se está matando a su manera a una sociedad que, para algunos muchos, molesta y hay que apartarla definitivamente. El principio de su relato me recordó a un hecho, cierto, que se recoge en la novela "La península de las casas vacías" de David Ucles en la cual dice de lo que les pasaba a los hombres que volvían del Frente, de la Guerra del 36 y que era que después de ver tantas matanzas y carnicería humana entre conocidos, amigos y hasta entre hermanos al llegar a casa se quedaban en cama y ya no se levantaban ni salían a la calle más, nunca más, jamás.

    Este hecho tal como lo cuenta este novelista ocurrió en Canarias, yo lo recuerdo en muchos ancianos, la mayoría ya fallecidos, y que volvían de las guerras coloniales en África, en concreto a Marruecos y el Sáhara, donde fueron llevados como carne humana de cañón, un tío abuelo mío sufrió esta enfermedad, la de no sentir ganas de levantarse salvo para ir a mear a la salida del sol, con esta realidad a estos hombres, en Canarias, se les llegó a llamar "Los Tumbados". Nunca se levantaban de la cama.

    Gracias por su escrito. Le recomiendo esta novela.

    • Juan Roldan

      Gracias por tú atenta e interesante reflexión, ciertamente la desidia se va apoderando de las conductas, en fin el mundo es como es.
      Un abrazo.

    • JordiCris ✍️

      Qué bueno, y lo mejor es que no da pereza leerlo,



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