No sé sabía si era luz clara
o apenas luz;
los ojos solo vieron,
pero la mente dudó.
Llegaban las palabras
al borde de la noche,
pequeñas, encendidas,
detrás de una pantalla.
Un corazón, un beso,
dos signos diminutos.
¿Eran solo costumbre
o hablaban de algo más?
Se aprende a descifrar
el tiempo entre mensajes,
la pausa de una frase,
la espera de un saludo.
Y fue tomando forma
aquello que, tal vez,
no quiso decir nada
más allá de lo dicho.
Porque también la espera
inventa sus señales,
y el deseo ilumina
aquello que anhela.
No se sabe si avanza
lo que apenas comienza,
si al otro lado alguien
abre la misma puerta.
A veces vuelve el temor:
¿y si llamamos luz
al brillo de una pantalla
en mitad de la noche?
Mas la inercia persiste,
y una palabra basta
para encender de nuevo
la luz en la mirada.
Y aunque los ojos ven luz,
la mente aún duda.
José Antonio Artés Sánchez
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Autor:
José Antonio Artés (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de agosto de 2026 a las 11:18
- Categoría: Amor
- Lecturas: 19
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Mª Pilar Luna Calvo, Nelly Cevallos - Liora, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., RIVAS JOSE

Offline)
Comentarios1
José Antonio, hay una delicada lucidez en esa frontera que trazas entre la señal y lo que deseamos leer en ella. Una palabra, una pausa, un pequeño signo en la pantalla pueden adquirir una dimensión enorme cuando la esperanza los ilumina.
La pregunta sobre si al otro lado alguien abre la misma puerta deja suspendida toda la incertidumbre del poema. Quizá ahí reside su mayor verdad: los ojos reciben la luz, pero el corazón se adelanta y la mente todavía duda.
Muy bello, José Antonio.
Un abrazo.
— LIORA
Querida LIORA:
Qué generosidad la tuya al detenerte en cada pliegue del poema. Me emociona que hayas capturado con tanta precisión ese latido que intenté poner en los versos: la frontera entre lo que vemos y lo que deseamos ver, entre la señal y el deseo.
Tienes razón —la incertidumbre no se resuelve, y quizá por eso duele y a la vez nos sostiene. Porque si supiéramos con certeza que al otro lado alguien abre la misma puerta, perdería su misterio; pero si supiéramos que no, se perdería la esperanza. Vivir en esa suspensión es, al final, el estado natural del corazón cuando espera.
Me halaga profundamente que uses la palabra "lucidez" para referirte a mi mirada, viniendo de alguien que escribe como tú. He leído "Polvo de nadie" y sé que entiendes de estas cosas: de ausencias que habitan los muebles, de memorias que madrugan hacia adentro. Son dos poemas que se miran desde orillas distintas pero que hablan de lo mismo: de cómo la luz, a veces, es solo el reflejo de lo que ansiamos.
Gracias por leer con esa delicadeza. Y gracias, sobre todo, por devolverme el poema con una interpretación tan llena de verdad. Eso es lo que todo escritor desea: ser leído así.
Un fuerte abrazo,
José Antonio
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