No sé si fue luz clara
o simplemente luz;
los ojos solo vieron,
pero la mente dudó.
Llegaban las palabras
al borde de la noche,
pequeñas, encendidas,
detrás de una pantalla.
Un corazón, un beso,
dos signos diminutos.
¿Eran solo costumbre
o hablaban de algo más?
Se aprende a descifrar
el tiempo entre mensajes,
la pausa de una frase,
la espera de un saludo.
Y fue tomando forma
aquello que, tal vez,
no quiso decir nada
más allá de lo dicho.
Porque también la espera
inventa sus señales,
y el deseo ilumina
aquello que anhela.
No se sabe si avanza
lo que apenas comienza,
si al otro lado alguien
abre la misma puerta.
A veces vuelve el temor:
¿y si llamamos luz
al brillo de una pantalla
en mitad de la noche?
Mas la inercia persiste,
y una palabra basta
para encender de nuevo
la luz en la mirada.
Y aunque los ojos ven luz,
la mente aún lo duda.
José Antonio Artés Sánchez