Yo pongo un lunar entre tu piel y la mía
dejando que haga una constelación de sentido
dentro de los aviones que proclamaban
paz, o por lo menos te hacía sentir mejor:
la madera sin piedad nos alcanza.
Si yo no pudiera, ¿cómo saldría de este torbellino?
Por encima del rito y el ojo, el vínculo será
un árbol que a las afueras de mi casa retoñará
alada los pies de mi pueblo. La rosa que tantas
veces yo hice con mis manos, soltó su aroma
dulce y gentil en un vaivén de sonido y mástil.
Hoy estoy sin sabor; yo no sé por qué la comida
sabe a conocimiento y el libro sabe a experiencia
y la canción sabe a recuerdos y la película sabe a
amor... y la forma divina sabe a fiesta. En sus ojos
vive el espíritu de la estatua, y se alegra cuando
encuentra en sus propios dedos estos senos;
lo moreno de mi piel está en la poesía.
Aquí me tienen hoy escribiendo secuencias de
rupturas, perdiendo la voz con el viento
desgarrando mi sexo con los versos...
Aquí también el hambre apagó mi lujuria.
Mi anhelo y mis sueños, y a lo lejos me sentía libre.
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Autor:
David Pech (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de agosto de 2026 a las 18:19
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1
- En colecciones: 33.

Online)
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