PECH

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Yo pongo un lunar entre tu piel y la mía

dejando que haga una constelación de sentido

dentro de los aviones que proclamaban

paz, o por lo menos te hacía sentir mejor:

la madera sin piedad nos alcanza.

 

Si yo no pudiera, ¿cómo saldría de este torbellino?

Por encima del rito y el ojo, el vínculo será

un árbol que a las afueras de mi casa retoñará 

alada los pies de mi pueblo. La rosa que tantas

veces yo hice con mis manos, soltó su aroma 

dulce y gentil en un vaivén de sonido y mástil.

 

Hoy estoy sin sabor; yo no sé por qué la comida

sabe a conocimiento y el libro sabe a experiencia 

y la canción sabe a recuerdos y la película sabe a

amor... y la forma divina sabe a fiesta. En sus ojos

vive el espíritu de la estatua, y se alegra cuando

encuentra en sus propios dedos estos senos;

lo moreno de mi piel está en la poesía.

 

Aquí me tienen hoy escribiendo secuencias de

rupturas, perdiendo la voz con el viento

desgarrando mi sexo con los versos...

Aquí también el hambre apagó mi lujuria.

Mi anhelo y mis sueños, y a lo lejos me sentía libre.