Hiel

Frida Marie

Tardes y noches los nervios me devoran,

con esta podrida enfermedad.

Subo por las paredes cuando te necesito.

Convulsiono entre berrinches.

Te quiero hasta mutilarme.

Y al tenerte enfrente,

soy silencio.

 

Mas por ti ya no me queda, ni puedo.

Estoy cegada 

Y tú sordo

 

Ahora que has aprendido a leer,

sabes ya que tendrás que marcharte pronto.

Esperarás hasta terminar moribundo,

convertido en fiel seguidor.

Sin cuestionarme, bebes ahora de mi hiel.

 

Catador de ponzoña,

te ruego entiendas que cedo,

que a ratos ya no soy yo,

ni mis manos.

 

Amor…

Tu dosificación nunca toca un cuentagotas.

Me parte romperte de tanto en tanto.

 

Nos abrazamos en cuenta regresiva.

 

En lucidez, haré memoria.

Creo haberme transformado de nuevo.

Estoy quebrantada.

No,

peor aún, 

poseída.

Invasora rabia de mi descontento.

 

Joven, 

resultó mi bello palacio ser un castillo de arena 

¿Cómo quieres que no pierda la cabeza 

si en mi cuento jamás volverás a ser el caballero?

Mi papel no lleva nombre, solo propósito de castigarte.

No queda nada escrito y pocos renglones

Ahora mira cómo el animal más grande es la ira

Y no la lujuria…… 

  • Autor: Marie (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 15 de agosto de 2026 a las 08:27
  • Comentario del autor sobre el poema: Me domina la ira en el lugar de lo que alguna vez fue deseo, y me convierto, a ratos, en alguien capaz de castigarte. Ha sido esto alguna vez amor? Si lo ha sido, queda poco, y con ese poco te pido te alejes, mi amor. No hay tiempo de señalarnos el uno al otro, no me importa ya lo que nos hemos hecho, hay una desembocadura irracional de mis pulsiones. Si sigues viniendo a mi, puedo aun acabar por martirizarnos y yo quiero que vivas
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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