Soledad

el bardo

Y vuelvo, modesto, acaso a aquella

vieja costumbre que se asemeja

a un monstruo irascible y tosco

 del que su tiranico rigor nada nos deja

 

objetar, la percibo y recibo tal que fuera una cosa

inconcebible, única e inconstante y de

un valor igual a la promesa de una

mujer que me dejó, para irse al Paraguay.

 

Efectivamente, es la ansiada soledad,

maldición y don, desechada y anhelada,

es hoy mí fuego interno que deriva

 

en ceniza. Una llama que se prende en el alba 

y se apaga en la noche, hoy me deja su calor

perdido, quien me dirá ahora lo que mañana será olvido.

 

  • Autor: el bardo (Online Online)
  • Publicado: 15 de agosto de 2026 a las 00:23
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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