el bardo

Soledad

Y vuelvo, modesto, acaso a aquella

vieja costumbre que se asemeja

a un monstruo irascible y tosco

 del que su tiranico rigor nada nos deja

 

objetar, la percibo tal que fuera una cosa

única, inconstante y de un valor igual 

A la promesa de una querida mujer 

que me dejó, para volverse a su Paraguay 

 

Efectivamente, es la ansiada soledad,

maldición y don, desechada y anhelada,

es hoy mí fuego interno que deriva

 

en ceniza. Una llama que se prende en el alba 

y se apaga en la noche, ahora me deja su calor

perdido. Quien me dirá hoy lo que mañana será olvido.