El peso en las manos

Antonio Portillo Spínola



 

​La madera del mango ya no es árbol ni corteza:

es una hendidura suave,

un cuenco oscuro tallado por la prisa del pulgar

y por la sal de tres mil días iguales.

​No hay misterio en el hierro ni memoria en la veta.

Hay solo un frotar terco,

una pulida lenta donde el metal va perdiendo sus aristas

y la piel va dejando su rastro de grasa y de cansancio.

​La herramienta no recuerda a quien la sostuvo:

se limita a ceder.

Ha gastado sus esquinas contra el hueso de la palma,

ha ganado el brillo ciego

que dejan las manos cuando vuelven siempre

al mismo sitio a buscar la misma fuerza.

​Se han ido desgastando juntas,

la materia dura y la carne que aprieta,

hasta que no se sabe

si el mango ha tomado la forma de los dedos

o si son los dedos los que ya no saben cerrarse

sin la medida exacta de ese frío.

 

Antonio Portillo Spinola © 

Comentarios +

Comentarios2

  • Mª Pilar Luna Calvo

    Me parece que escribes genial, es un placer leerte. Un saludo.

  • Daniel Omar Cignacco

    si el mango ha tomado la forma de los dedos

    o si son los dedos los que ya no saben cerrarse

    sin la medida exacta de ese frío.

    Me gusto mucho

    • Antonio Portillo Spínola

      Muchas gracias, Daniel. Has señalado algo que para mí también está en el centro del poema: llega un momento en que ya no sabemos si es la mano la que transforma la materia o si es la materia la que termina moldeando nuestra mano. Gracias por leerlo con tanta atención y por dejar esa hermosa mirada sobre el verso. Un abrazo.



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