La madera del mango ya no es árbol ni corteza:
es una hendidura suave,
un cuenco oscuro tallado por la prisa del pulgar
y por la sal de tres mil días iguales.
No hay misterio en el hierro ni memoria en la veta.
Hay solo un frotar terco,
una pulida lenta donde el metal va perdiendo sus aristas
y la piel va dejando su rastro de grasa y de cansancio.
La herramienta no recuerda a quien la sostuvo:
se limita a ceder.
Ha gastado sus esquinas contra el hueso de la palma,
ha ganado el brillo ciego
que dejan las manos cuando vuelven siempre
al mismo sitio a buscar la misma fuerza.
Se han ido desgastando juntas,
la materia dura y la carne que aprieta,
hasta que no se sabe
si el mango ha tomado la forma de los dedos
o si son los dedos los que ya no saben cerrarse
sin la medida exacta de ese frío.
Antonio Portillo Spinola ©
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 14 de agosto de 2026 a las 06:24
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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