La madera del mango ya no es árbol ni corteza:
es una hendidura suave,
un cuenco oscuro tallado por la prisa del pulgar
y por la sal de tres mil días iguales.
No hay misterio en el hierro ni memoria en la veta.
Hay solo un frotar terco,
una pulida lenta donde el metal va perdiendo sus aristas
y la piel va dejando su rastro de grasa y de cansancio.
La herramienta no recuerda a quien la sostuvo:
se limita a ceder.
Ha gastado sus esquinas contra el hueso de la palma,
ha ganado el brillo ciego
que dejan las manos cuando vuelven siempre
al mismo sitio a buscar la misma fuerza.
Se han ido desgastando juntas,
la materia dura y la carne que aprieta,
hasta que no se sabe
si el mango ha tomado la forma de los dedos
o si son los dedos los que ya no saben cerrarse
sin la medida exacta de ese frío.
Antonio Portillo Spinola ©
-
Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 14 de agosto de 2026 a las 06:24
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 59
- Usuarios favoritos de este poema: Tito Rod, Mª Pilar Luna Calvo, Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, Mauro Enrique Lopez Z., JordiCris ✍️, Sheilo Sanz, alicia perez hernandez, Erre Cost, JoseAn100, RIVAS JOSE, Martha patricia B

Offline)
Comentarios2
Me parece que escribes genial, es un placer leerte. Un saludo.
si el mango ha tomado la forma de los dedos
o si son los dedos los que ya no saben cerrarse
sin la medida exacta de ese frío.
Me gusto mucho
Muchas gracias, Daniel. Has señalado algo que para mí también está en el centro del poema: llega un momento en que ya no sabemos si es la mano la que transforma la materia o si es la materia la que termina moldeando nuestra mano. Gracias por leerlo con tanta atención y por dejar esa hermosa mirada sobre el verso. Un abrazo.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.