CORRUPCIÓN

JUSTO ALDÚ

Al espíritu de Marco Porcio Catón de Útica,
Catón el Joven,
ejemplo de virtud, entereza e incorruptibilidad,
que habita en los hombres de una sola pieza.

No es nueva esta sombra que nos muerde,
ni nació con el siglo o con el hombre;
cambia de rostro cuando el tiempo pierde,
pero conserva intacto su mal nombre.

Se infiltra lentamente en la conciencia,
como la humedad que invade los cimientos;
primero roba un poco a la decencia,
después compra silencio y juramentos.

No siempre viste harapos ni cadenas,
ni llega con la noche por testigo;
a veces viste sedas y prebendas,
y estrecha muchas manos de domingo.

Donde otros ven derechos, pone precio;
donde otros ven justicia, abre un trato;
convierte la verdad en un negocio
y vende la conciencia por contrato.

Le roba al niño el sueño de la escuela,
al enfermo la cura que esperaba;
al pobre le arrebata hasta la mesa
y al justo la esperanza que guardaba.

Pero ningún poder vence al destino,
ni hay torre que no tiemble alguna vez;
quien siembra corrupción por su camino
cosecha la vergüenza del después.

Porque nadie se lleva lo que amasa
cuando la muerte llama a su portal;
el oro que se roba queda en casa,
pero el nombre queda escrito para mal.

Y cuando al fin la historia pase lista,
no preguntará cuánto pudo tener;
preguntará quién sostuvo la conquista
de la verdad que no dejó caer.

JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026

Comentarios +

Comentarios5

  • noasubin

    Has trazado con mano maestra y corazón íntegro el rostro verdadero de la corrupción: no siempre es lo que parece, a veces viste sedas y se sienta entre los honores, mientras lentamente roba la decencia, compra voluntades y trueca la verdad en negocio. Y lo más grande y más cierto de todo: que nada de lo que se amasa queda al final, que el oro se queda y el nombre queda escrito para siempre. Y que la historia, cuando pase lista, no preguntará cuánto se tuvo, sino qué se sostuvo y qué se defendió. Es un poema necesario, valiente y perdurable, digno de quien lo inspiró: Catón, incorruptible y firme. Gracias por alzar la voz y la pluma con tanta altura y tanta claridad. Obra así permanece para siempre.

    • JUSTO ALDÚ

      Muchas gracias Noah. El óxido, la herrubre, la pudrición, invade los cimientos de una casa y va comiendo poco a poco hasta que la derriba.Así es la corrupción, tan frecuente en nuestro tiempo. Catón el joven llegó a ser Cuestor en el imperio romano y cuando supo que Cesar iba a gobernar, prefirió la muerte a ser gobernado por un corrupto tirano.

      Saludos

      • noasubin

        Eso es incorruptibilidad en su forma más alta. Gracias por profundizar con tanta claridad y tanta altura. Tu ejemplo y tu palabra nos enseñan y nos fortalecen. Recibe mi respeto, mi gratitud y un fuerte abrazo.

        • JUSTO ALDÚ

          Asi es, jajaj. hay ajustar.

          • noasubin

            Tu alma guarda una luz inefable, que solo quien siente como tú logra comprender

          • Anushirwan

            MAGISTRAL , TENDRIA ESTAR EMPAPELANDO CIUDADES BARRIOS PUEBLOS , Y SER TRADUCIDO EN TODOS LOS IDIOMAS

            • JUSTO ALDÚ

              Gracias por su comentario. Saludos

            • Lualpri

              Hola Justo...

              Lamentablemente existen muchos que parecen no tener conciencia de ello. Tal vez piensan que la muerte no los alcanzará o que quizá con sus riquezas podrán comprarla. Que equivocados están. Es lo único verdaderamente Justo. Ella no hace ningún tipo de distinción. Ricos, pobres, buenos, malos, etc., todos deberemos acompañarla cuando nos venga a buscar.

              Ah... Los poetas también!!!😉🤷🏻‍♂️
              Un abrazo y gracias por compartir tus letras.

              • JUSTO ALDÚ

                La muerte alcanza a todos, es lo único seguro, pero el legado que dejamos cuenta y bastante. A veces la misma vida se encarga de nivelar las acciones.

                Muchas gracias Luis por tu acertado comentario. Nada mejor que morir con la conciencia limpia.

                Saludos.

              • Freddy Kalvo

                ¡Perfecto! Me ha encantado la forma en que fuiste tejiendo cada estrofa y, aunque fue difícil escoger una en particular, me incliné por esta:

                Donde otros ven derechos, pone precio;
                donde otros ven justicia, abre un trato;
                convierte la verdad en un negocio
                y vende la conciencia por contrato.

                Un abrazo fraterno mi apreciado amigo JUSTO ALDÚ. Andamos por los mismos caminos de denuncia...

                • JUSTO ALDÚ

                  Has escogido una buena estrofa. Recoge la esencia del poema.
                  Gracias por tu comentario Freddy.

                  Saludos

                • Javier Julián Enríquez

                  Muchas gracias, amigo Justo, por este gran e importante poema que trata unos temas muy de actualidad en relación con la corrupción, esa sombra ancestral que se adapta y persiste, y que se introduce sutilmente en el tejido social, desafortunadamente pervirtiendo la integridad y silenciando la voz de la justicia. Así, su naturaleza insidiosa puede, en ocasiones, desvirtuar la esperanza, la justicia y la verdad, convirtiéndolas en meros instrumentos de lucro. Sin embargo, creo que es importante tener en cuenta que, en ocasiones, el poder temporal puede ser superado por la necesidad de rendición ante un juicio final, donde la integridad del nombre adquiere una relevancia significativa sobre la riqueza obtenida de manera ilegal. En este sentido, se aprecia que el poema plantea la corrupción como una fuerza sutil y persistente que, a pesar de su capacidad de adaptarse a diferentes formas, sigue ejerciendo su influencia de manera perjudicial. Esta corrupción, pues, lamentablemente, no siempre se manifiesta de manera evidente, sino que a veces se presenta de manera sutil, infiltrándose en la conciencia y corrompiendo los valores fundamentales. Por ende, el proceder de la corrupción podría despojar a los inocentes de sus aspiraciones y a los justos de sus esperanzas, sembrando de este modo un camino de ignominia. Por lo que tal como muy bien señalas, ante la inevitable llegada de la muerte y el juicio histórico, la verdadera riqueza reside en la inquebrantable defensa de la verdad, un legado imperecedero que trasciende el efímero acaparamiento material.
                  Progresando en el sentido expuesto, creo que la corrupción está presente en muchas Democracias de la actualidad que se creen muy avanzadas y progresistas. La concepción de la democracia que se presenta aduce que este sistema político, lejos de ser un instrumento de emancipación popular, constituye una estratagema urdida por las élites para perpetuar su dominio, que delega en el pueblo la responsabilidad de sus propios infortunios. Se postula que la democracia, desde esta perspectiva, no opera en beneficio del pueblo, sino para afianzar los intereses elitistas, al eximir a estas últimas de la rendición de cuentas por sus decisiones, al tiempo que se atribuye al pueblo la carga de refrendar tales determinaciones a través de mecanismos de sufragio. Desde esta perspectiva, esta concepción de la democracia recuerda a la dialéctica del amo y el esclavo, en la que la aparente libertad otorgada al pueblo se revela como una forma sutil de servidumbre. Las élites, ejerciendo una suerte de «voluntad general» prefabricada, proponen un marco de acción que el ciudadano, en su papel de votante, se ve obligado a validar. Esta dinámica, más que un ejercicio de soberanía popular se asemeja a la aceptación de un destino preordenado, en el que la participación ciudadana se transforma en un acto de autoculpabilización colectiva. En este sentido, la democracia se erige como un velo que oculta la hegemonía, una ilusión de poder que legitima la perpetuación de estructuras de dominación. En ese marco, el acto de votar, lejos de ser un ejercicio de elección genuina, se convierte en la ratificación de un orden impuesto, un eco de la voluntad de quienes detentan el poder real, que transforma al ciudadano en custodio de su propia subyugación. Es la metáfora del arquitecto que diseña una prisión y luego convoca a sus reclusos para que voten el diseño de sus propias celdas. Considerando esto, y siempre en el contexto de las Democracias en las que impera la corrupción, la belleza engañosa de la urna esconde la cruda realidad de un poder que se auto legitima a través de la participación simulada, una danza macabra en la que la libertad se disfraza de obligación y la elección se convierte en fatalidad.
                  Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

                  • JUSTO ALDÚ

                    Javier, muchas gracias por tu extensa y meditada reflexión. Coincido contigo en algo esencial: la corrupción es una sombra mucho más antigua que cualquiera de los sistemas políticos que hoy conocemos. Precisamente por eso quise dedicar el poema a Marco Porcio Catón Uticensis, Catón el Joven, no como un símbolo de una determinada forma de gobierno, sino como representación de una virtud que puede existir —o desaparecer— bajo cualquier régimen: la incorruptibilidad.

                    La corrupción, a mi juicio, no tiene bandera, ideología ni sistema político propio. Puede alojarse en una democracia, en una autocracia, en una república, en una monarquía o en cualquier otra estructura de poder. Cambia de traje, pero conserva el mismo rostro. Estados Unidos, Rusia, China, Ucrania, Irán, por citar países con sistemas políticos muy diferentes, han conocido —en distintos grados, formas y circunstancias— episodios de corrupción. Recuerdas Watergate? Recuerdas las condenas de los escritores rusos a Siberia? Recuerdas la masacre de Tian an mein? Etc... producto de gobiernos corruptos. Sería, por tanto, demasiado cómodo atribuirla exclusivamente a una determinada concepción del Estado.

                    Y aquí está, quizá, uno de los puntos en los que mi planteamiento se separa ligeramente del tuyo: una democracia no queda automáticamente purificada por el hecho de ser democracia, del mismo modo que un régimen no democrático no explica por sí solo toda la corrupción que pueda existir en él. Lo verdaderamente importante es la existencia de instituciones capaces de investigar, fiscalizar, sancionar y limitar el abuso del poder, y también —algo que considero todavía más profundo— la calidad moral de quienes ejercen ese poder y de la sociedad que lo tolera o lo rechaza.

                    La historia romana resulta particularmente reveladora. Roma no fue víctima de la corrupción porque careciera de leyes, instituciones, magistraturas o grandes discursos sobre la virtud. Al contrario: poseía todo eso. Sin embargo, también conoció el clientelismo, el soborno, la compra de voluntades, el enriquecimiento mediante el poder y la utilización de los cargos públicos para beneficio privado. Catón representa justamente la batalla del individuo contra esa maquinaria moralmente degradante.

                    Y hay algo particularmente significativo en su figura: según las fuentes antiguas, desde joven se distinguió por su austeridad y por su resistencia a los favores que podían comprometer su independencia. Ahí encuentro la razón profunda de la dedicatoria. La corrupción comienza mucho antes de que aparezca el dinero sobre la mesa: comienza cuando la conciencia acepta ponerse precio.

                    Por eso no quise encasillar la corrupción en un sistema político concreto. Sería como afirmar que el cáncer pertenece a una determinada raza porque aparece con mayor frecuencia en unas personas que en otras. El problema es más profundo. La corrupción es un mal humano que encuentra oportunidades allí donde existen poder, ambición, impunidad, codicia y ausencia de controles.

                    Y probablemente nuestro tiempo le ha proporcionado instrumentos extraordinariamente eficaces para multiplicarse. Hoy una decisión corrupta puede mover millones en segundos, ocultarse detrás de complejas estructuras financieras, empresas pantalla, contratos públicos, intermediarios y redes internacionales. La tecnología ha cambiado la velocidad y las dimensiones del fenómeno; no ha cambiado la naturaleza humana que lo alimenta.

                    Pero hay otra dimensión que considero todavía más importante y que señalas indirectamente en tu comentario: la integridad se construye mucho antes de llegar al poder.

                    Un hombre que aprende desde niño que todo tiene un precio tendrá muchas dificultades para comprender, cuando llegue a una posición de autoridad, que existen cosas que no deben venderse. La honestidad, la responsabilidad, la palabra empeñada y el respeto por lo ajeno no nacen en un código penal. Se forjan en el hogar, en la educación, en el ejemplo cotidiano y en esa pequeña conciencia interior que nos dice que algo puede ser legal y, sin embargo, ser indigno.

                    Por eso creo que combatir la corrupción únicamente mediante leyes es insuficiente. Las leyes son necesarias, pero ningún código puede fabricar una conciencia que nunca se educó. Podemos levantar tribunales, organismos fiscalizadores y mecanismos de transparencia; pero si quien debe aplicarlos también está dispuesto a vender su conciencia, habremos construido una magnífica puerta de hierro... y dejado la llave en manos del ladrón.

                    Y aquí regreso a Catón, el estoico diría yo.

                    Su grandeza no está solamente en haber pertenecido a una época determinada ni en sus enfrentamientos políticos. Lo que hace que su figura continúe hablándonos después de tantos siglos es precisamente la posibilidad de mantenerse en pie cuando alrededor todo parece tener un precio. Ahí reside su actualidad.

                    Quizá por eso la corrupción sea uno de los grandes temas morales de la humanidad: porque no nos obliga solamente a preguntarnos cuánto dinero se roba, sino cuánto de nuestra dignidad estamos dispuestos a entregar para obtenerlo.

                    Al final, como bien señalas, llega la muerte y con ella desaparecen los cargos, las riquezas, los privilegios y las máscaras. Queda el nombre. Y el nombre puede quedar escrito en oro o en lodo.

                    Catón eligió lo primero, aunque para ello tuvo que pagar el precio más alto.

                    Un fuerte abrazo, Javier, y gracias por enriquecer el poema con una reflexión tan profunda. Creo que precisamente ahí está una de las virtudes de la poesía: cuando termina el verso, comienza la conversación.



                  Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.