Al espíritu de Marco Porcio Catón de Útica,
Catón el Joven,
ejemplo de virtud, entereza e incorruptibilidad,
que habita en los hombres de una sola pieza.
No es nueva esta sombra que nos muerde,
ni nació con el siglo o con el hombre;
cambia de rostro cuando el tiempo pierde,
pero conserva intacto su mal nombre.
Se infiltra lentamente en la conciencia,
como la humedad que invade los cimientos;
primero roba un poco a la decencia,
después compra silencio y juramentos.
No siempre viste harapos ni cadenas,
ni llega con la noche por testigo;
a veces viste sedas y prebendas,
y estrecha muchas manos de domingo.
Donde otros ven derechos, pone precio;
donde otros ven justicia, abre un trato;
convierte la verdad en un negocio
y vende la conciencia por contrato.
Le roba al niño el sueño de la escuela,
al enfermo la cura que esperaba;
al pobre le arrebata hasta la mesa
y al justo la esperanza que guardaba.
Pero ningún poder vence al destino,
ni hay torre que no tiemble alguna vez;
quien siembra corrupción por su camino
cosecha la vergüenza del después.
Porque nadie se lleva lo que amasa
cuando la muerte llama a su portal;
el oro que se roba queda en casa,
pero el nombre queda escrito para mal.
Y cuando al fin la historia pase lista,
no preguntará cuánto pudo tener;
preguntará quién sostuvo la conquista
de la verdad que no dejó caer.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026