Tengo un grito amarrado a mi pecho,
un hijo bastardo de la libertad,
abandonado a su suerte,
que busca una voz que lo haga tronar
y vencer a la muerte.
A veces murmura fuego y traga ceniza,
y en mis adentros hierve entre risas marchitas;
huye de todo y hasta de su sombra,
mastica su rabia y escupe las sobras.
Del dolor del amor nació el rencor,
triste vástago repudiado por ambos.
Ahora el corazón trancó su portón,
y en su ciudad solo habita una noche quieta.
Ya no se escucha el clamor del cantor,
ni la dulce melodía del poeta,
sólo el crepitar furioso de mil hogueras,
que queman sonrisas y lágrimas secas.
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Autor:
R.Jurado (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de agosto de 2026 a las 06:17
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 27
- Usuarios favoritos de este poema: Nelly Cevallos - Liora, Mauro Enrique Lopez Z., Ale Aguilar Moreno, Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, JUSTO ALDÚ, Mª Pilar Luna Calvo, Jaime Correa, RIVAS JOSE

Offline)
Comentarios1
Hola, Riverajurado
Ese grito amarrado al pecho entra con una fuerza tremenda, pero lo que más me atrapa es convertirlo en hijo bastardo de la libertad: desde ahí adquiere cuerpo propio, se rebela, traga ceniza, mastica rabia y termina incendiando aquello que antes podía cantar.
Hay una aspereza muy bien sostenida en el poema. El fuego va creciendo hasta esas mil hogueras finales y deja la sensación de que aquello que no encontró voz terminó encontrando otra manera de arder.
Un gusto detenerme en tus letras.
Un abrazo.
— LIORA
Muchas gracias por tus palabras Liora.
Este poema fue como un vómito. Es mágico como la poesía encuentra nuevos significados en cada persona.
Un abrazo
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