Una Alondra alzaba el vuelo
en su plena juventud
disfrutando la virtud
de ser joven con su vuelo.
Y cercano aquel riachuelo
agua daba de beber
siempre en el amanecer
donde tanto se bañaba
y también, mucho gozaba,
siempre en cada atardecer.
Disfrutaba los colores,
los jardines de azucenas
y las muchas cosas buenas
que le daban muchas flores
al compás de los albores.
Y libaba dulce miel
al volar hasta el laurel
con su canto enamorado
bajo el pulcro sol dorado
con aromas de un clavel.
Con el paso de los años
fue llegando a la vejez
y arrugándose su tez
fue mostrando muchos daños
como ramas de castaños
que los vientos las devoran
y las hojas deterioran
porque luego, se marchitan
y de pronto ellas crepitan
si las cosas se empeoran.
Siendo pronto ya una anciana
nunca pudo alzar el vuelo
¿Y no tuvo algún anhelo?
No lo sé, de forma llana.
Y hubo un día, en la mañana
que cayó en suelo parejo
sin funciones de un reflejo.
Y pensé, súbitamente
de que el tiempo es inclemente
sobre todo, con un viejo…
¡Pero no solo es el tiempo
el que pasa la factura!
Se adormece la ternura
y adolece el contratiempo.
Pero todo va a su tiempo
porque nadie de él se escapa
cuando toda cara guapa
con su tez se deteriora
y hay de aquel que la aminora
porque el tiempo siempre atrapa…
Hoy la Alondra ya descansa
con un sueño sempiterno.
Y llovió el cielo de invierno
sobre la llanura mansa
que la acoge y la remansa.
Ya nunca verá la luna
si la tierra es quien la acuna
como flor con sus raíces
junto con otras perdices
que vivieron en comuna.
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Autor:
Freddy Kalvo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 11 de agosto de 2026 a las 12:05
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 0
- En colecciones: Reflexiones, Sentimientos familiares.

Offline)
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