Los arquitectos del humo

Antonio Portillo Spínola



 

​Han medido la patria en metros cuadrados de alcatifa,

en la voz que se eleva dos tonos por encima del miedo

para que nadie note la carcoma en la viga.

​Hablan un idioma de trapos limpios

donde la palabra pueblo pierde su peso de tierra,

su humedad de pan frío,

su costumbre de levantarse a las seis.

​Se visten de futuro por las mañanas,

reparten el pan de mañana con las manos de ayer,

y cuando el aire se llena de humo

descubren que el fuego era suyo.

​Se calientan las manos en el incendio

y llaman resplandor a la ceniza que nos cae.

Antonio Portillo Spinola ©

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Comentarios1

  • Nelly Cevallos - Liora

    Hola, Antonio

    Aquí la patria aparece lejos de los símbolos solemnes y muy cerca de aquello que pesa de verdad: la tierra, el pan frío, quien se levanta a las seis. Esa elección le da al poema una crítica social muy afilada.

    Hay imágenes que golpean con especial precisión: repartir el pan de mañana con las manos de ayer y descubrir demasiado tarde que el fuego también pertenece a quienes pretendían contemplarlo desde lejos. Y el cierre es magnífico: calentarse las manos en el incendio y llamar resplandor a la ceniza. Ahí la ironía termina de mostrar los dientes.

    Una escritura firme, lúcida y con imágenes que permanecen.

    Un cordial abrazo, Antonio.

    — LIORA

    • Antonio Portillo Spínola

      Muchas gracias, Liora. Has entrado exactamente en el lugar desde el que nació el poema: esa distancia entre la patria que se pronuncia en los discursos y la patria real, la que madruga, trabaja y pone el pan sobre la mesa. Me alegra especialmente que hayas sentido la ironía del cierre; ahí quería que la ceniza pesara más que cualquier palabra. Un abrazo grande y gracias por una lectura tan generosa y profunda.



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