Han medido la patria en metros cuadrados de alcatifa,
en la voz que se eleva dos tonos por encima del miedo
para que nadie note la carcoma en la viga.
Hablan un idioma de trapos limpios
donde la palabra pueblo pierde su peso de tierra,
su humedad de pan frío,
su costumbre de levantarse a las seis.
Se visten de futuro por las mañanas,
reparten el pan de mañana con las manos de ayer,
y cuando el aire se llena de humo
descubren que el fuego era suyo.
Se calientan las manos en el incendio
y llaman resplandor a la ceniza que nos cae.
Antonio Portillo Spinola ©