Un lapicero y espacio

Alexandra Quintanilla

Hay un lapicero escondido
en mi equipaje.
Sé que no soy lo que quisieras y, quizá, solo la servilleta en la que escribo este borrador comprenda cuánto está pesando este momento.

Este borrador sostiene lo que percibo. Después pienso que esta tinta, como el papel que la recibe, es carente de sentir.

Por otra parte, pienso que últimamente te estás ahogando en todo eso; te ahogas tanto que te vuelves un objeto inanimado para mí.

Pero, al menos, este papel traslúcido tiene un punto sobre el que me deja describir. Tú, en cambio, te inclinas por fingir.

Te dije un día: «Yo nunca me he enamorado». Te lo dije aquella noche en la que preguntaste y, cuando te tocó a ti, respondiste lo mismo. Sin embargo, admito que una parte de mí no lo creí.

Y ahora, en el momento que engloba el ahora de estos últimos meses, estoy dudando.

Dudo de todo.
Dudo de quedarme.
De esperarte.
Dudo del sentido.
Dudo de mí.

¿Sobreviviré?
He de suponer que sí.
Siempre es así.

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Comentarios3

  • Alek Hine

    Qué bonita...


    literatura.

  • noasubin

    Sencillamente extraordinario y conmovedor. Nos muestras que cuando el otro deja de ser quien amaste, solo queda el papel y la tinta para sostener lo que sientes. Dudas de todo, de quedarte, de esperar, del sentido… y al final descubres que siempre, de una forma u otra, se sigue adelante. Versos que llegan directo al corazón y se quedan habitando en él. Una pieza magistral.

  • ahero

    Al final, el lapicero, la tinta, la servilleta y el papel son tan inanimados como aquello en lo que él parece convertirse. Son solo el medio; los sentimientos siguen estando en quien escribe. Y si eres capaz de expresar todo esto y, al mismo tiempo, percibir que lo que él dice no coincide con lo que siente, quizá sea porque en el fondo necesitas creer que hay algo más detrás de sus palabras. Y puede que eso diga tanto de él como de lo que tú todavía sientes.

    Sobrevivir, sí. Pero supongo que llega un momento en que uno también se cansa de sobrevivir y quiere empezar, simplemente, a estar bien.

    Quizá no tengan que encontrar el amor, ni siquiera ponerse de acuerdo en llamarlo “amar”. A veces la respuesta no está en seguir buscando qué sienten, sino en descubrir si, cuando dejan de buscar respuestas, todavía encuentran paz el uno en el otro.

    Porque sí, probablemente sobrevivirás. Como dices, siempre es así.

    Pero ¿realmente quieres seguir sobreviviendo, o ya quieres empezar a vivir?



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