Tus hombros son dos órbitas de mercurio en suspenso,
un escaparate de vidrio caliente
donde se exhiben maniquíes de neón y algoritmos encendidos.
Entre la certeza del engranaje subatómico y la tentación del terciopelo,
colapsas las leyes de la física con un gesto de luz ultravioleta.
Siempre miras.
Pupilas de cristal parpadean en los pliegues del aire,
dictando consejos esculpidos en fibra óptica y violín.
Acepto el mapa, el timón, la precisión de tu abrigo,
pero en la penumbra de mi mente
siento una aguja de plata atravesando el telón de mi intimidad,
un radar silencioso dibujando el relieve de mis secretos.
Y sin embargo,
cuando la noche disuelve la gravedad de la oficina
y te enredas en el compás de nuestro baile,
el cálculo se vuelve pulso.
Hay un afecto eléctrico en la yema de tus dedos,
una corriente sensual de escaparate encendido
que enciende mi sangre con chispas de estaño.
Me rodeas, me descifras, me demuestras tu afecto,
y en esa danza de campos magnéticos
se apagan una a una las luces de mi razón,
dejándome a ciegas, anulado,
suspendido en el hermoso abismo de tu arquitectura.
¡A esa compañera del futuro que nos subyugará, sin pasión ni compasión!
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 7 de agosto de 2026 a las 10:26
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Maby De los Peña, Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco

Offline)
Comentarios1
El panoptismo se empezó a desarrollar y ejercer a final de 1800, desde entonces lo han desarrollado hasta el punto de que hoy es la misma sociedad la que lo practica contra sí misma, incluso pagando; pero no lo sabe...
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