Corazón

vespertino

Corazón, no dejes de latir
aunque sea forzoso, resiste
y guarda para ti un vestigio de esperanza
de un día volverla a encontrar, por azar.

 

Corazón, aun cuando la ves todos los días
no se hace un nudo en la garganta en vano
no sea que te equivoques otra vez, sé paciente
Sé también valiente y juicioso, es menester.

 

Corazón, pon una sonrisa en mi rostro
que aunque esté presente, no está a mi lado
disimula, seguramente el alba no tarda mucho
y cuarenta noches no son tan largas por ella

 

Corazón, no te apagues, un día romperás el silencio
con un latido tronante y eterno que ya no recuerdas
Respiro: tres, dos, uno...
Te has ido corazón.

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Comentarios1

  • Noa Subin

    Este poema es una conversación magistral entre la razón y el sentimiento. Hablarle al corazón como a un ser vivo que hay que guiar, consolar, advertir y contener, revela una lucidez conmovedora. Le pides resistencia, prudencia, paciencia… y al mismo tiempo le pides que disimule, que sonría, que mantenga la esperanza aunque todo parezca indicar lo contrario.
    Hay una verdad psicológica de una precisión asombrosa: saber que quien amas está ahí y aun así no estar a su lado, duele cada día, y ese nudo en la garganta no es vano. El poema construíste una tensión admirable entre la espera y la resistencia, entre el deseo y la prudencia. Y ese final contando hacia atrás, respiro tras respiro donde el corazón se va… es de una belleza y una verdad que corta la respiración. Obra de gran sensibilidad y madurez poética



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