Vestía el mar su manto de luceros,
y el puerto suspiraba junto a mí;
la vida nos unió siendo pasajeros,
sin imaginar cuánto eras para mí.
Llevaba en el uniforme mis anhelos,
la juventud latiendo en el timón;
tú llegaste a encender todos mis cielos,
con la dulce ternura de tu amor.
Fue muy breve nuestro dulce amorío,
como un velero besando el litoral;
pero dejaste mi pecho expuesto al frío,
con una huella eterna e inmortal.
Después siguieron rumbos diferentes,
el viento nos llevó por otro mar;
los años levantaron sus corrientes,
y nunca nos volvimos a encontrar.
Han transcurrido ya muchos inviernos,
tal vez ya no recuerdes mi existir;
pero guardo entre mis sueños más eternos,
aquella noche que a tu lado pude sonreír.
No sé si alguna tarde, en el ocaso,
mi nombre cruzará tu corazón;
yo seguiré cuidando, paso a paso,
aquel recuerdo lleno de ilusión.
Aunque el tiempo haya borrado tu memoria,
y la distancia nos negara otra ocasión,
nadie podrá arrancar de nuestra historia,
aquella inolvidable noche de pasión.
10/03/2004
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Autor:
Federico Mendo Sánchez (
Offline) - Publicado: 5 de agosto de 2026 a las 19:42
- Categoría: Amor
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Antonio_cuello

Offline)
Comentarios1
Muy bien, poeta, me ha encantado tu poema
Un abrazo desde el corazón y gracias por seguir mis letras
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