Federico Mendo Sánchez

LA NOCHE QUE EL TIEMPO NO BORRÓ

Vestía el mar su manto de luceros,

y el puerto suspiraba junto a mí;

la vida nos unió siendo pasajeros,

sin imaginar cuánto eras para mí.

 

Llevaba en el uniforme mis anhelos,

la juventud latiendo en el timón;

tú llegaste a encender todos mis cielos,

con la dulce ternura de tu amor.

 

Fue muy breve nuestro dulce amorío,

como un velero besando el litoral;

pero dejaste mi pecho expuesto al frío,

con una huella eterna e inmortal.

 

Después siguieron rumbos diferentes,

el viento nos llevó por otro mar;

los años levantaron sus corrientes,

y nunca nos volvimos a encontrar.

 

Han transcurrido ya muchos inviernos,

tal vez ya no recuerdes mi existir;

pero guardo entre mis sueños más eternos,

aquella noche que a tu lado pude sonreír.

 

No sé si alguna tarde, en el ocaso,

mi nombre cruzará tu corazón;

yo seguiré cuidando, paso a paso,

aquel recuerdo lleno de ilusión.

 

Aunque el tiempo haya borrado tu memoria,

y la distancia nos negara otra ocasión,

nadie podrá arrancar de nuestra historia,

aquella inolvidable noche de pasión.

 

10/03/2004