Vivía
en una casa
construida
entre la última estrella
de la noche
y la primera palabra
de la mañana.
Nadie sabía
cómo había llegado allí.
Algunos decían
que nació
cuando el cielo
aprendió
a abrir los ojos.
Otros,
que era un recuerdo
de todos los días
que comenzaron
con esperanza.
Su oficio
era extraño:
coleccionaba amaneceres.
No guardaba soles.
Ni cielos.
Ni colores.
Guardaba
ese instante secreto
en que la oscuridad
comprende
que ya no está sola.
Cada mañana
salía con pequeños frascos
hechos de cristal invisible.
Recogía
la primera luz
que tocaba
una montaña.
El resplandor tímido
sobre una flor cerrada.
La claridad
que encontraba
a una persona
antes de levantarse
después de una noche difícil.
Después,
ordenaba sus tesoros
en una habitación
sin ventanas.
Allí había miles
de amaneceres.
Algunos tenían
el aroma
de la infancia.
Otros,
el sonido
de una puerta
que vuelve a abrirse.
Había uno pequeño
que brillaba apenas.
Le pregunté:
—¿Por qué lo conserva
si casi no tiene luz?
Lo tomó
con infinita ternura.
Y respondió:
—Porque este amanecer
nació en el corazón
de alguien
que había olvidado
que todavía podía esperar.
Entonces comprendí
que no todos los amaneceres
aparecen en el cielo.
Algunos nacen
en el silencio
de un alma
que decide
volver a creer.
Una tarde
le pregunté
qué haría
cuando tuviera
todos los amaneceres
del mundo.
Sonrió.
Y dijo:
—Nunca tendré todos.
Cada día
la creación
escribe uno nuevo
para quienes
todavía necesitan
encontrar la luz.
Al despedirme,
me regaló
un pequeño frasco vacío.
Lo miré sorprendido.
—¿Por qué me das
algo que no contiene nada?
Él respondió:
—Porque los mejores recipientes
son aquellos
que dejan espacio
para la luz
que aún no ha llegado.
Desde entonces,
guardo conmigo
aquel frasco invisible.
Y cada vez
que una mañana comienza,
recuerdo
que el universo
nunca repite
un amanecer.
Cada uno
es una promesa nueva
depositada
en las manos
de quienes
todavía esperan.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
-
Autor:
Rosa Maria Reeder (
Offline) - Publicado: 3 de agosto de 2026 a las 00:08
- Comentario del autor sobre el poema: «Hay amaneceres que no nacen para iluminar el mundo, sino para recordarnos que la luz también necesita ser guardada.»
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Santiago Alboherna, Alek Hine

Offline)
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