El coleccionista de amaneceres

Rosa Maria Reeder

Vivía

en una casa

construida

entre la última estrella

de la noche

y la primera palabra

de la mañana.

Nadie sabía

cómo había llegado allí.

Algunos decían

que nació

cuando el cielo

aprendió

a abrir los ojos.

Otros,

que era un recuerdo

de todos los días

que comenzaron

con esperanza.

Su oficio

era extraño:

coleccionaba amaneceres.

No guardaba soles.

Ni cielos.

Ni colores.

Guardaba

ese instante secreto

en que la oscuridad

comprende

que ya no está sola.

Cada mañana

salía con pequeños frascos

hechos de cristal invisible.

Recogía

la primera luz

que tocaba

una montaña.

El resplandor tímido

sobre una flor cerrada.

La claridad

que encontraba

a una persona

antes de levantarse

después de una noche difícil.

Después,

ordenaba sus tesoros

en una habitación

sin ventanas.

Allí había miles

de amaneceres.

Algunos tenían

el aroma

de la infancia.

Otros,

el sonido

de una puerta

que vuelve a abrirse.

Había uno pequeño

que brillaba apenas.

Le pregunté:

—¿Por qué lo conserva

si casi no tiene luz?

Lo tomó

con infinita ternura.

Y respondió:

—Porque este amanecer

nació en el corazón

de alguien

que había olvidado

que todavía podía esperar.

Entonces comprendí

que no todos los amaneceres

aparecen en el cielo.

Algunos nacen

en el silencio

de un alma

que decide

volver a creer.

Una tarde

le pregunté

qué haría

cuando tuviera

todos los amaneceres

del mundo.

Sonrió.

Y dijo:

—Nunca tendré todos.

Cada día

la creación

escribe uno nuevo

para quienes

todavía necesitan

encontrar la luz.

Al despedirme,

me regaló

un pequeño frasco vacío.

Lo miré sorprendido.

—¿Por qué me das

algo que no contiene nada?

Él respondió:

—Porque los mejores recipientes

son aquellos

que dejan espacio

para la luz

que aún no ha llegado.

Desde entonces,

guardo conmigo

aquel frasco invisible.

Y cada vez

que una mañana comienza,

recuerdo

que el universo

nunca repite

un amanecer.

Cada uno

es una promesa nueva

depositada

en las manos

de quienes

todavía esperan.

Rosa María Reeder

Derechos Reservados 

Comentarios +

Comentarios3

  • Daniel Omar Cignacco

    Muy bello poema poeta.

    Te invito sin compromiso , he editado un libro de poemas de formato físico en una editorial Argentina.
    Invito a dar me gusta o promocionar la lectura de mi libro con este link : https://www.instagram.com/p/DbjJgkHpGmX/?igsh=MWdxeWxvcWh4b250bA==

    https://halleyediciones.com.ar/productos/la-materia-de-las-sombras-daniel-omar-cignacco-preventa-2d7rj/

    • Rosa Maria Reeder

      Gracias por la invitación poeta Daniel
      Saludos a distancia

      • Daniel Omar Cignacco

        De nada poeta toda promoción me sirve mucho

      • Nelly Cevallos - Liora

        Querida Rosa:

        Encontré una idea que sostiene todo el relato con enorme delicadeza: el amanecer deja de ser un momento del día para convertirse en un acontecimiento interior. Desde ese instante, cada imagen adquiere un sentido distinto y comprendemos que lo que el coleccionista preserva no es la luz del cielo, sino la que nace silenciosamente en las personas.

        El frasco del final prolonga esa misma mirada. No necesita explicarse; basta esa imagen para comprender que siempre existe un lugar reservado para la luz que todavía no ha llegado. Me pareció un cierre de gran coherencia con el universo que has construido.

        Un abrazo.

        — LIORA

        • Rosa Maria Reeder

          Muchas gracias por esta lectura tan atenta y generosa. Me emociona especialmente que hayas percibido que el amanecer no era solo la luz del cielo, sino esa claridad que nace silenciosamente en el interior de las personas. También agradezco que hayas encontrado sentido en el frasco del final; para mí simboliza la esperanza que siempre deja un espacio para la luz que aún está por llegar. Gracias por acompañar el poema con una mirada tan profunda.

          Agradecida
          Rosa

        • noasubin

          Qué frase tan profunda y hermosa ✨

          Nos enseña que no toda luz está para brillar ante todos: hay luces íntimas, dulces y sagradas que solo existen para calentar nuestro propio corazón, para darnos paz y acompañarnos en silencio. A veces, lo más valioso no es iluminar a los demás, sino saber cuidar lo que nos hace brillar a nosotros mismos.

          Es un verso que se queda en el alma. Gracias por compartirlo

          • Rosa Maria Reeder

            Aprecio tu valioso comentario

            Saludos cordiales

            • noasubin

              El honor es mío, querida Rosa María. Gracias por tu amabilidad y por compartir tu hermosa sensibilidad. Recibe un cordial saludo y un abrazo fraterno



            Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.