Había una casa
construida
en el borde
de una nube.
No tenía ventanas.
El cielo
entraba libremente
por todas sus paredes.
Allí vivía
una mujer
de cabellos
hechos de neblina
y manos
que conocían
el lenguaje
de las gotas.
Cada amanecer
extendía
la lluvia
sobre un telar
tejido
con hilos
de arco iris.
No todas las lluvias
llegaban enteras.
Algunas
traían desgarrones
hechos por el viento.
Otras
habían perdido
la transparencia
después de atravesar
largas noches
de relámpagos.
La mujer
las recogía
una por una.
No preguntaba
de dónde venían.
Solo escuchaba
el temblor
que cada gota
guardaba
en su interior.
Con una aguja
forjada
en el primer rocío
del mundo,
iba uniendo
las heridas
del agua.
Cada puntada
devolvía
a una nube
el recuerdo
de su lluvia.
Cada nudo
enseñaba
a una gota
que caer
también era
una forma
de amar.
Una tarde
me acerqué
a contemplar
su trabajo.
Vi una gota
que permanecía inmóvil,
temerosa
del abismo
entre el cielo
y la tierra.
—¿Por qué no cae? —
pregunté.
La mujer
la sostuvo
entre sus dedos
como quien sostiene
una esperanza.
Y respondió:
—Porque aún no sabe
que abajo
la espera
una semilla.
Entonces
acercó la gota
a su corazón.
No dijo
ninguna palabra.
Solo sonrió.
La gota
comenzó
a brillar.
Y descendió
lentamente,
como si descubriera
que toda caída
puede ser
el comienzo
de un jardín.
Cuando terminó
la lluvia,
la mujer
dobló cuidadosamente
el telar
del arco iris.
No quedó
ninguna costura
a la vista.
Solo el perfume
de la tierra
agradeciendo
el agua.
Y comprendí
que las manos
más silenciosas
son aquellas
que reparan
el mundo
sin esperar
que alguien
las vea.
Desde aquel día,
cada vez
que empieza
a llover,
imagino
que ninguna gota
cae por azar.
Cada una
ha pasado primero
por las manos
pacientes
de aquella mujer
que remienda
la lluvia
para que la esperanza
nunca llegue
rota
a la tierra.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
-
Autor:
Rosa Maria Reeder (
Offline) - Publicado: 2 de agosto de 2026 a las 00:12
- Comentario del autor sobre el poema: «Cuando una gota olvida caer, alguien debe enseñarle de nuevo el camino hacia la sed de la tierra.»
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Alek Hine

Offline)
Comentarios1
Me recordó el efecto de la primera gota que cae, durante la crucifixión, en la película "La pasión de Cristo". Saludos cordiales.
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