La mujer que remendaba la lluvia

Rosa Maria Reeder

Había una casa

construida

en el borde

de una nube.

No tenía ventanas.

El cielo

entraba libremente

por todas sus paredes.

Allí vivía

una mujer

de cabellos

hechos de neblina

y manos

que conocían

el lenguaje

de las gotas.

Cada amanecer

extendía

la lluvia

sobre un telar

tejido

con hilos

de arco iris.

No todas las lluvias

llegaban enteras.

Algunas

traían desgarrones

hechos por el viento.

Otras

habían perdido

la transparencia

después de atravesar

largas noches

de relámpagos.

La mujer

las recogía

una por una.

No preguntaba

de dónde venían.

Solo escuchaba

el temblor

que cada gota

guardaba

en su interior.

Con una aguja

forjada

en el primer rocío

del mundo,

iba uniendo

las heridas

del agua.

Cada puntada

devolvía

a una nube

el recuerdo

de su lluvia.

Cada nudo

enseñaba

a una gota

que caer

también era

una forma

de amar.

Una tarde

me acerqué

a contemplar

su trabajo.

Vi una gota

que permanecía inmóvil,

temerosa

del abismo

entre el cielo

y la tierra.

—¿Por qué no cae? —

pregunté.

La mujer

la sostuvo

entre sus dedos

como quien sostiene

una esperanza.

Y respondió:

—Porque aún no sabe

que abajo

la espera

una semilla.

Entonces

acercó la gota

a su corazón.

No dijo

ninguna palabra.

Solo sonrió.

La gota

comenzó

a brillar.

Y descendió

lentamente,

como si descubriera

que toda caída

puede ser

el comienzo

de un jardín.

Cuando terminó

la lluvia,

la mujer

dobló cuidadosamente

el telar

del arco iris.

No quedó

ninguna costura

a la vista.

Solo el perfume

de la tierra

agradeciendo

el agua.

Y comprendí

que las manos

más silenciosas

son aquellas

que reparan

el mundo

sin esperar

que alguien

las vea.

Desde aquel día,

cada vez

que empieza

a llover,

imagino

que ninguna gota

cae por azar.

Cada una

ha pasado primero

por las manos

pacientes

de aquella mujer

que remienda

la lluvia

para que la esperanza

nunca llegue

rota

a la tierra.

Rosa María Reeder

Derechos Reservados 

Comentarios +

Comentarios2

  • Alek Hine

    Me recordó el efecto de la primera gota que cae, durante la crucifixión, en la película "La pasión de Cristo". Saludos cordiales.

    • Rosa Maria Reeder

      Muchas gracias por tu lectura y por compartir esa hermosa asociación. Me parece muy valioso que el poema haya despertado en ti el recuerdo de esa escena de La Pasión de Cristo. Aunque fue escrito desde un universo simbólico propio, creo que la poesía encuentra su plenitud cuando cada lector descubre en ella imágenes que dialogan con su memoria, su sensibilidad y su experiencia. Le agradezco de corazón el tiempo que dedicó a leerlo y a compartir su reflexión. Le envío un cordial saludo.

    • Gabriel Aranda

      Y comprendí
      que las manos
      más silenciosas
      son aquellas
      que reparan
      el mundo
      sin esperar
      que alguien
      las vea.
      MARAVILOSO POEMA.
      MARAVILLOSA ESPERANZA.
      Gracias.

      • Rosa Maria Reeder

        Poeta Gabriel Muchas gracias por sus generosas palabras. Me alegra profundamente que esos versos hayan encontrado eco en su corazón. Creo que las obras más importantes suelen realizarse en silencio, lejos de los aplausos, y, sin embargo, son las que sostienen la esperanza del mundo. Si el poema logró transmitir aunque fuera una chispa de esa verdad, me doy por satisfecha. Gracias por leerlo con tanta sensibilidad. Le envío un cordial abrazo.



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