Nadie conoce
la biblioteca
donde trabaja.
No tiene muros.
No tiene puertas.
Sus estantes
están tejidos
con corrientes de aire
que atraviesan
los siglos
sin hacer ruido.
Allí
no descansan libros.
Descansan
suspiros,
juramentos,
canciones
que jamás
encontraron un cantor,
y las últimas palabras
que los árboles
pronuncian
antes de entregar
sus hojas
al otoño.
El bibliotecario
camina despacio.
No teme
que el tiempo
desordene
su colección.
El viento
sabe recordar
sin necesidad
de numerar
sus páginas.
Una tarde
lo vi
abrir un volumen
hecho
de brisa transparente.
No había letras.
Había aromas:
pan recién horneado,
lluvia sobre la tierra,
jazmines
despertando
a la noche.
—¿Qué libro es ese? —
pregunté.
Sonrió.
—La memoria
de un pueblo
que aprendió
a amarse
sin escribirlo.
Después
abrió otro.
De él escaparon
las carcajadas
de los niños
que jugaron
bajo un árbol
ya desaparecido.
En otro
descansaban
las oraciones
que nunca
se pronunciaron
con los labios,
pero que un corazón
elevó
en el idioma
del silencio.
Había también
un estante
que nadie tocaba.
El viento
pasaba
muy despacio
frente a él,
como quien saluda
a un viejo amigo.
—¿Qué guarda? —
pregunté.
El bibliotecario
cerró los ojos.
—Aquí reposan
las palabras
que pudieron
cambiar el mundo,
pero el miedo
las dejó
sin voz.
No están perdidas.
Esperan
otro corazón
que se atreva
a pronunciarlas.
Cuando cayó
la tarde,
cerró la biblioteca.
No con una llave.
Con un soplo.
Los estantes
se elevaron
como bandadas
de hojas invisibles,
y el viento
los llevó
hacia todos
los caminos.
Entonces comprendí
que ninguna palabra
verdadera
desaparece.
Viaja
de boca en boca,
de alma en alma,
hasta encontrar
el instante preciso
en que alguien
está preparado
para escucharla.
Y desde aquel día,
cada vez
que el viento
roza mi rostro,
no pienso
que pasa.
Pienso
que está hojeando
pacientemente
la inmensa biblioteca
donde el universo
conserva
todo aquello
que el amor
se negó
a olvidar.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
-
Autor:
Rosa Maria Reeder (
Offline) - Publicado: 1 de agosto de 2026 a las 00:17
- Comentario del autor sobre el poema: «El viento nunca olvida. Solo cambia de estante las palabras que el mundo cree haber perdido.»
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Texi, Alek Hine

Offline)
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