Quiero.
Quiero.
Quiero.
No sé qué.
Pero quiero.
Quiero como los gusanos quieren la carne.
Quiero como el árbol quiere la podredumbre.
Quiero como la noche quiere tragarme entera.
Quiero cabello.
Quiero cabello que no sea gusanos enredados.
Quiero cabello que se mueva con el viento.
Quiero cabello que no huela a útero vacío.
Quiero.
Quiero manos.
Quiero manos que no tiemblen.
Quiero manos que no se pudran.
Quiero manos que puedan tocar algo
sin que se deshaga.
Quiero.
Quiero ojos.
Quiero ojos que no sean agujeros.
Quiero ojos que lloren.
Quiero ojos que vean.
Quiero ojos que me miren sin asco.
Quiero.
El deseo no es mío.
El deseo es un gusano.
Un gusano que crece en el hueco.
Que se alimenta de la carne que arranco.
Que se hace más grande cuanto más quiero.
Y arranco.
Arranco porque quiero.
Arranco porque necesito.
Arranco porque si no arranco,
el deseo me come.
El cabello no es mío.
Lo arranco.
Arranco los gusanos largos que cuelgan de mi cabeza.
Los arranco uno por uno.
Los veo retorcerse.
Los huelo.
Huelen a mí.
Huelen a lo que nunca fui.
Las manos no son mías.
Me las arranco también.
No las quiero.
No quiero estas manos que no pueden sostener nada.
No quiero estos dedos que se deshacen.
No quiero estas uñas rotas de tanto arañar.
Los ojos no son míos.
Los arranco.
Los saco con los dedos.
Los tiro al suelo.
Ya no los quiero.
No quiero ver el hoyo.
No quiero verme a mí.
Y los tiro.
Los tiro todos.
El cabello.
Las manos.
Los ojos.
La piel.
Los gusanos.
Todo.
Pero el deseo no se va.
Porque el deseo no está en el cabello.
No está en las manos.
No está en los ojos.
El deseo está en el hueco.
En el hueco que respira.
En el hueco que soy.
Y quiero.
Quiero ser ellos.
Quiero ser ellos aunque tenga que arrancarlo todo.
Aunque tenga que vaciarme entera.
Aunque tenga que dejar solo el hueso.
Porque quiero.
Porque ellos tienen lo que yo no tengo.
Porque ellos son lo que yo no soy.
Porque ellos tienen rostro.
Y yo solo tengo el deseo.
El deseo asqueroso.
El deseo que me come desde adentro.
El deseo que me hace arrancar.
Y arrancar.
Y arrancar.
Hasta que no queda nada.
Hasta que solo queda el hueso.
Y el hueso sigue queriendo.
Y el hueso sigue deseando.
Y el hueso sigue siendo el hoyo.
Quiero.
Quiero.
Quiero.
Y el deseo no se va.
El deseo se pudre conmigo.
El deseo es la única cosa que tengo.
Y no la quiero.
Pero la necesito.
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Autor:
Emily Dayana (
Offline) - Publicado: 31 de julio de 2026 a las 23:44
- Comentario del autor sobre el poema: Deseo
- Categoría: Triste
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Emily Dayana
- En colecciones: Diario de podredumbre.

Offline)
Comentarios1
Encontré muy extraño ese poema. Honestamente, me ha dejado algo de ... en el estómago. Saludos.
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