En un valle
que nadie visita,
porque queda
entre dos pensamientos
todavía no nacidos,
vive un hombre
que trabaja
con las manos vacías.
No moldea barro.
No talla piedra.
No recoge madera.
Su oficio
es más antiguo:
da forma
al silencio.
Cada mañana
entra en su taller
cuando la última estrella
abandona
el rostro de la noche.
Allí guarda
vasijas invisibles
sobre estantes
hechos de paciencia.
Nadie puede verlas.
Pero todos
han bebido
alguna vez
de ellas.
En una conserva
la calma
antes de una despedida.
En otra,
el instante exacto
en que un corazón
decide perdonar.
Hay una pequeña,
la más delicada,
que contiene
la primera pregunta
de un niño
cuando descubre
el misterio
del mundo.
Le pregunté
cómo podía trabajar
con algo
que parecía
no tener forma.
Me respondió:
—El silencio
no está vacío.
Es la arcilla
de donde nacen
las cosas
que todavía
no saben
cómo existir.
Entonces
tomó entre sus manos
un poco de quietud.
La giró lentamente.
Y ante mis ojos
apareció
una pequeña esfera
llena de ecos.
—¿Qué es? —pregunté.
—Una palabra
que aún no ha llegado
a su tiempo.
Después continuó trabajando.
Moldeó silencios
para los enfermos
que necesitaban
descansar sin miedo.
Silencios
para los amantes
que no encontraban
la manera
de decirse
lo esencial.
Silencios
para quienes habían perdido
a alguien amado
y necesitaban
escuchar
una presencia
más allá
de la ausencia.
Al caer la tarde,
el alfarero
colocó su última obra
junto a la ventana.
Era una vasija
tan transparente
que parecía
hecha de luz detenida.
—¿Qué guarda? —pregunté.
Miró el horizonte.
Y respondió:
—Guarda
todo aquello
que el corazón
comprende
cuando las palabras
ya no alcanzan.
Cuando me alejé
del taller,
escuché detrás de mí
un leve sonido.
No era una voz.
No era música.
Era el silencio
aprendiendo
a respirar.
Y comprendí
que algunas verdades
no necesitan
ser pronunciadas.
Necesitan
un lugar tranquilo
donde puedan
nacer.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
-
Autor:
Rosa Maria Reeder (
Offline) - Publicado: 31 de julio de 2026 a las 01:53
- Comentario del autor sobre el poema: «Antes de que una palabra encuentre una voz, alguien debe darle un lugar donde descansar.»
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Alek Hine, Gabriel Aranda, JUSTO ALDÚ, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios1
Ves dónde los demás no vemos.¡Cuánta sabiduría contiene el SILENCIO.Es el ORIGEN...Precioso.Gracias.
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