El alfarero del silencio

Rosa Maria Reeder

En un valle

que nadie visita,

porque queda

entre dos pensamientos

todavía no nacidos,

vive un hombre

que trabaja

con las manos vacías.

No moldea barro.

No talla piedra.

No recoge madera.

Su oficio

es más antiguo:

da forma

al silencio.

Cada mañana

entra en su taller

cuando la última estrella

abandona

el rostro de la noche.

Allí guarda

vasijas invisibles

sobre estantes

hechos de paciencia.

Nadie puede verlas.

Pero todos

han bebido

alguna vez

de ellas.

En una conserva

la calma

antes de una despedida.

En otra,

el instante exacto

en que un corazón

decide perdonar.

Hay una pequeña,

la más delicada,

que contiene

la primera pregunta

de un niño

cuando descubre

el misterio

del mundo.

Le pregunté

cómo podía trabajar

con algo

que parecía

no tener forma.

Me respondió:

—El silencio

no está vacío.

Es la arcilla

de donde nacen

las cosas

que todavía

no saben

cómo existir.

Entonces

tomó entre sus manos

un poco de quietud.

La giró lentamente.

Y ante mis ojos

apareció

una pequeña esfera

llena de ecos.

—¿Qué es? —pregunté.

—Una palabra

que aún no ha llegado

a su tiempo.

Después continuó trabajando.

Moldeó silencios

para los enfermos

que necesitaban

descansar sin miedo.

Silencios

para los amantes

que no encontraban

la manera

de decirse

lo esencial.

Silencios

para quienes habían perdido

a alguien amado

y necesitaban

escuchar

una presencia

más allá

de la ausencia.

Al caer la tarde,

el alfarero

colocó su última obra

junto a la ventana.

Era una vasija

tan transparente

que parecía

hecha de luz detenida.

—¿Qué guarda? —pregunté.

Miró el horizonte.

Y respondió:

—Guarda

todo aquello

que el corazón

comprende

cuando las palabras

ya no alcanzan.

Cuando me alejé

del taller,

escuché detrás de mí

un leve sonido.

No era una voz.

No era música.

Era el silencio

aprendiendo

a respirar.

Y comprendí

que algunas verdades

no necesitan

ser pronunciadas.

Necesitan

un lugar tranquilo

donde puedan

nacer.

Rosa María Reeder

Derechos Reservados 

Comentarios +

Comentarios1

  • Gabriel Aranda

    Ves dónde los demás no vemos.¡Cuánta sabiduría contiene el SILENCIO.Es el ORIGEN...Precioso.Gracias.



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