No escribirte
es una forma lenta de morirme,
un morirme de a poquito,
con las manos metidas en los bolsillos
Para que no se note que tiemblan.
No escribirte me rompe las manos,
Como si arrancara raíces de mi propio corazón.
Te amo en la herida del silencio,
en la sombra que se abre paso entre la noche,
En la palabra que arde aunque nunca se pronuncie.
Te amo en lo que callo,
que es casi todo lo que soy,
en el hueco que dejan las cartas no enviadas,
en la tinta que se seca
Esperando un nombre que no llega a la página.
No escribirte es dejar que el pecho
se convierta en una casa deshabitada,
donde todavía cuelga tu retrato
Y nadie se atreve a descolgarlo.
Es guardar tu nombre bajo la lengua
Como se guarda una brasa entre los dedos,
sabiendo que quema,
Sabiendo que igual no la suelto.
Te escribo sin escribirte,
en el vapor del café que se enfría,
en el reloj que no avanza cuando pienso en vos,
en cada silencio que dejo a propósito
Para que algo tuyo entre.
Y aunque no te lo diga,
aunque las manos sigan quietas en los bolsillos,
aunque la carta se quede a medio hacer
Cómo se queda un beso a medio dar,
vos ya sabés —
Porque el amor que no se escribe
Igual se lee en todo lo que uno calla.
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Autor:
Akino (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de julio de 2026 a las 16:49
- Comentario del autor sobre el poema: Escribir este poema es abrir una herida que también es refugio: cada palabra nace desgarrada y, al mismo tiempo, me protege. Es una confesión que no grita, sino que susurra desde detrás de las imágenes —me desnudo, pero me oculto en lo que digo. Es una herida que respira en las manos que tiemblan, en la tinta que se seca antes de nombrar lo esencial, en la casa vacía que aún guarda, colgado en su pared interior, un retrato. Cada verso intenta sostener el amor sin decirlo del todo: cargarlo en silencio, dejarlo arder como una brasa que quema y que, aun así, no suelto. Es también resistencia: callar es una forma de sobrevivir al dolor, de contenerlo hasta que se vuelva otra cosa, hasta que se transforme en poesía. El poema se convierte entonces en el único lugar donde el amor callado puede hacerse visible —donde lo no dicho suena más alto que cualquier palabra pronunciada. Lo que siento es una soledad habitada: un vacío que, paradójicamente, está lleno de recuerdos; un pecho que se ha vuelto casa deshabitada, pero donde tu retrato sigue colgado, como si la ausencia también supiera guardar memoria. Aunque no te escriba, aunque la carta se quede a medias, sé que el amor igual se filtra —en un gesto, en una pausa, en el aire que queda entre dos silencios. Y al final, lo que me atraviesa es la paradoja de todo amor callado: no escribirte es una forma lenta de morir, pero también es dejar que el amor se lea en lo que no digo, en lo que se queda suspendido —como un pulso contenido— entre mis manos y la página en blanco.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais
- En colecciones: Poesía.

Offline)
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