Tu risa es una grieta de luz en este mundo.
Cuando se enciende, voraz como un incendio,
reclama todas las luces y todas le pertenecen.
Tu risa es ese fuego, entre todos los fuegos.
Nada se le parece. Ni el viento al doblar las espigas,
ni el pan subiendo en los hornos,
ni el mar rompiendo contra las piedras
y volviendo a ser mar después de haberse roto.
Nada se parece a tu risa,
que no le debe nada a la tristeza.
Esa risa tan exageradamente tuya,
redonda y generosa como la Tierra.
Así es tu risa: estalla de pronto por el aire
y todo lo que toca lo desordena;
se dispersa, gira y después vuelve a reunirse
y aparece, en el desorden, su forma verdadera.
Muerde el aire como se muerden los duraznos,
se cae de tu boca como una fruta madura,
que fue flor antes de ser toda esa dulzura,
pero antes de ser flor tuvo el frío de la luna.
Cuando te reís, algo deja de fingir
y confiesa al mundo su alegría.
¿Qué puede ser más justo y necesario
que tu risa? Pan de cada día.
Yo quiero morirme de tu risa,
no de la tristeza ni del tiempo:
morirme como las olas que se rompen,
sin saber que están muriendo.
Y también quiero sobrevivirme en tu risa
como quien sobrevive a un incendio.
Que se rían de mí los que no entienden,
pero yo elijo tu risa, entre todos los fuegos.
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Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de julio de 2026 a las 14:36
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 19
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, alicia perez hernandez

Offline)
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