Tu risa es
una grieta en la noche
por donde se derrama, al fin, la mañana.
Yo he visto los panes subir en los hornos
y los árboles erguirse sobre la tierra.
He visto el agua romperse contra las piedras
y llamarse río después de haberse roto.
Así es tu risa,
que estalla y se desordena
y encuentra, en el desorden, su forma verdadera.
Muerde el aire con dientes de durazno,
cae de tu boca como fruta madura,
que fue flor antes de ser dulzura
y antes de ser flor fue apenas la luna.
Cuando te reís,
algo en el mundo deja de fingir
y confiesa su alegría.
Yo quiero morirme de tu risa,
no de la tristeza ni del tiempo,
morirme como se muere una ola,
deshecha entre tu boca y el cielo.
Que se rían de mí los que no saben
que yo elijo, entre todos los fuegos,
sobrevivirme en tu risa,
como quien sobrevive un incendio.